5 de enero de 2019

EL DESHOLLINADOR


―¡Alto ahí, ladrón!
El sobresalto le hizo perder el pie. La cuerda se le escurrió entre los dedos y se precipitó al vacío. Al estamparse de espaldas contra el fondo de la chimenea, un montón de cartones y restos de neumático quemado evitaron que se partiera la crisma.
―¡Ah! ¡Aaah, joder! ―resolló, palpándose las lumbares. Tragó sin querer un par de bocanadas del hollín que flotaba a su alrededor―. Estoy demasiado viejo para esta mierda.
―¡Menudo guarrazo! ¿Estás bien, colega?
A cierta distancia, una chica escuálida de ojos inquietos lo compadecía. Su preocupación contrastaba con la vara de metal que sostenía a una mano, preparada para atizarle.
―¿Bien? ¡Uf! Supongo que sobreviviré...
El traje rojo se le había puesto perdido. Entre estertores, se recostó contra el armazón de la chimenea. Las gafas seguían milagrosamente en su sitio, conque solo se colocó la irreconocible borla blanca del gorro a un lado con la máxima dignidad.  
―Ostras, eres...
―Nick ―dijo, tendiéndole la mano. En lugar de estrechársela, la joven le dio un tirón a la barba tiznada del anciano―. ¿Pero qué haces?
―Es que antes me he fumado un peta gordo como una berenjena, ji, ji. ¡Eres de verdad, pavo! Qué flipada, ¿no?
Rio a carcajadas, que el eco transformó en un coro incorpóreo. Nick salió renqueando de la chimenea y se llevó un dedo a los labios.
―¡Shhh! ¡Despertarás a los niños!
―¿Qué niños? A veces me traigo a algún tío, pero nada de críos. ―Se quedó un instante pensativa―. Me van tirando a mayorcitos, de hecho.
―¿Quieres decir que vives aquí sola?
Se encontraban en alguna planta de una fábrica abandonada. Corrientes heladas se filtraban entre los cristales, rotos a pedradas, pese a los remiendos de plásticos y cinta adhesiva. Nick reparó en el atuendo de la muchacha, conjuntado al tuntún: media pantorrilla asomaba por un descosido que no parecía hecho adrede. Sin mediar palabra, ella le asestó una estocada en la panza con el extremo de la vara.
―¡Ay!
―Que te veo mirarme las piernas, ¡listillo! No te pienses cosas raras conmigo, ¿eh? Que he dicho mayores, no viejos como tú.
―¿Qué? No… ¡No! ―Sacudió las manos en el aire para ahuyentar la idea―. No es lo habitual, pero creo que estoy aquí por ti y… —Ella hizo ademán de contraatacar—. N-N-No me pinches más con eso, por favor.
La chica se mostró recelosa ante la actitud implorante de Nick, pero al final relajó los músculos. Se desplomó sobre un colchón enterrado bajo toneladas de ropa sucia.
―No sé, tío, aquí no hay nadie más. ―Apartó un rollo de camisetas y dio unas palmaditas en el espacio recién despejado para indicarle a su invitado que se sentara con ella―. ¿Cómo no vas a saber por qué estás aquí? A mí me da que eres un liante. Te dejo hacer porque te has currado la entrada y creo que me caes bien. Pero como te pases, te reviento.
―¡Digo la verdad! Los renos voladores me llevan de tejado en tejado y me descuelgo por la chimenea con lo que han elegido los elfos. ―A ella se le escapó un poco el aire por la nariz. Nick se acomodó en el extremo opuesto del colchón y le enseñó un zurrón abultado que le colgaba de la cintura―. ¿Ves? Hasta que no leo el nombre en los regalos, ni idea.
La muchacha se quedó mirando al abuelo sin parpadear, con las cejas en alto.
―Ajá.
―No te crees una palabra.
―Tú fumas más que yo, viejo. ¿Renos voladores? Mira, en otra fábrica igual encuentras cobre o cacharros que puedas vender, pero aquí… ―El silencio se llenó con el silbido de la ventisca―. No pierdas el tiempo; aquí estoy solo yo. Vete cuando quieras, tranqui.
Nick suspiró y se acercó un poco a ella.
―Debo irme, sí, pero antes querría darte algo.
―¡Toda ofrenda es bienvenida en esta humilde morada, amable señor!
Nick, complacido por la ocurrencia, abrió el saco y deslizó hacia afuera un paquete de medio brazo por lado. Ella estiró el cuello y vio un nombre escrito a mano, en mayúsculas: “A…”. Nick se ajustó el puente de las gafas y frunció el ceño.
―¿Eres Abigail?
―Coño, ¡sí! Abi ―dijo, toda agitada como un espantapájaros al viento.
Nick esbozó una sonrisa surcada por las arrugas, disimuladas por la ceniza y el tintado de las lentes. Abi no despegaba los ojos del fardo brillante.
―Va, ¿qué esperas a desenvolverlo?
Cual cría impaciente, rasgó el papel en dos hábiles manotazos.
―¡Oh! ¿Es para mí? ―preguntó. Tenía los ojos enrojecidos.
―El paquete llevaba tu nombre, ¿no?
―¡Es una manta chulísima! ¡Gracias!
―Me alegro de que te guste.
Abi la desplegó en el aire como si esparciera miles de copos de algodón y envolvió su cuerpo larguirucho con ella. Se hizo un ovillo y apoyó la cabeza sobre el regazo del anciano.
—De pequeña nunca me traías nada. Bueno, ahora que lo pienso es normal porque en casa de mis viejos no había chimenea. ¿Por dónde ibas a colarte? —concluyó—. Oye, me sabe mal haberte pegado antes.
—Bah, olvídalo.
—Que no me enrollaría contigo ni de coña, ¿eh? Aunque pareces buen tío y reconozco que como madurito tienes un punto.
—Deja ya eso, puñeta —cortó Nick. Los niños pequeños no daban tantos quebraderos de cabeza—. Entonces, ¿te gusta el regalo?
—¡Mucho! Abriga un montón. ―De pronto, la satisfacción menguó en su rostro―. Jo, yo no tengo nada para ti.
—Shh… Tu compañía es el más hermoso presente, pequeña. —Nick le peinó la media melena, sucia y enmarañada, por detrás de la oreja—. Feliz Navidad, Abi.
—Feliz Navidad.
Acurrucada y con los ojos cerrados, Abi parecía un gato salvaje que se ha pasado la vida peleando. Sin embargo, el sueño era un enemigo imbatible.
Al despertar a solas, bajo el reconfortante calor de la manta, lamentó que Nick se hubiera marchado. Se preguntó si en la nieve del tejado encontraría huellas de animales. Quizá subiría luego a comprobarlo.
 
FIN

1 de agosto de 2017

Cine: "Dunkerque"


Christopher Nolan apunta tan alto, toca tantos palos y apuesta por su visión tan a lo bestia que sus últimas películas se pueden negociar en términos de "vale, pero ¿sí o no?". Unos priman los méritos; otros, el tiro errado. La incontinente épica emotiva de Interstellar, la grandilocuencia risible de Batman, el surrealismo escheriano de Inception... Como en todo, la elección termina siendo fruto de filias y fobias subjetivas. Para mí, lamentablemente, Dunkerque es un "no".

Es fácil identificar las virtudes con las que ha cautivado a la critica de forma unánime. Entra por los ojos como prodigio visual (las escenas de vuelo son sublimes), con efectos especiales de tal nivel que el espectador se olvida de ellos y puede sumergirse en la tramaa esto vuelvo enseguida
. El acercamiento al género bélico también es atractivo: tierra, mar y aire; una semana, un día y una hora. Vivimos tres historias en tres tiempos que ilustran diferentes facetas de la guerra contra un enemigo casi invisible. El director impone de nuevo la narrativa dislocada, marca de la casa, para dotar de la cadencia deseada a cada pieza de este drama coral.


Pero, como suele decirse, la técnica debe estar al servicio de la historia... y aquí no hay historia a la que servir. Nolan, cómodo en la franja de las dos horas y media, ofrece su película más breve hasta la fecha con 99 minutos sin créditos. Hubiera podido durar indistintamente 99, 70 o las casi 3 (breves) horazas de Interstellar en función del número de situaciones agonizantes que quisiera mostrar, pues no existe desarrollo de personajes. Los diálogos también escasean: si en otras cintas Nolan sufría de verborrea expositiva, en Dunkerque se pasa de frenada y confecciona algo próximo a una película muda.

Los protagonistas carecen de trasfondo y, salvo un par de pinceladas, de ellos solo sabemos lo poco que dictan sus acciones. Hay algo poético en ese aviador solitario; se intuye la nobleza en ese padre que acata fielmente las órdenes del gobierno... pero son espejismos de humanidad en una cinta más interesada en ensalzar conceptos (el deseo de supervivencia, la llamada del deber) que a individuos. Es la guerra, al fin y al cabo, plagada de reacios soldados anónimos
el bando al que pertenecen tiende a ser circunstancial. Aunque asumo que es una decisión voluntaria, cuesta horrores implicarse con personajes tan sobrios como la pátina gris que ensombrece cada plano.

Además, se exige al espectador que tenga conocimiento previo del conflicto narrado (la Operación Dinamo), pues los mecanismos dedicados a facilitar su comprensión son mínimos. La parquedad puebla el relato. No soy un entendido de la Segunda Guerra Mundial, conque la mera recreación de los hechos no basta para retener mi atención: a la media hora ya me daba igual lo que pasara en pantalla, por muy bien filmado y editado que estuviera o por mucha talla que luciera la negra silueta de Kenneth Branagh en contrapicado al filo del muelle (por lo visto ahí no caían bombas :p).



Por otra parte, la banda sonora de Zimmer habita en las antípodas de la imagen. Es un tema repetitivo y machacón que no cesa ni un instante, acompañado de un infame tic-tac que embota los sentidos y reclama el protagonismo que los personajes rehúsan. Esto genera una contradicción grave, pues a ratos parece que la música va por libre y en la trama no sucede nada merecedor de esos crescendos infinitos * por ejemplo, en Interstellar había una inversión emocional que peleaba por cada nota. No discuto que sea un efecto técnicamente impecable, pero a mi poco cultivado oído le suena igual que... el ruido.

* Por si os interesa profundizar: http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/news/the-shepard-tone-dunkirk-hans-zimmer-video-scale-score-soundtrack-christopher-nolan-inception-a7862211.html

Para no perder terreno, los efectos de sonido son literalmente ensordecedores. ¿También es el resultado de retratar el horror de la guerra en primera persona? Obviamente, ignoro cómo suena que te bombardeen, ametrallen y torpedeen desde cualquier ángulo, pero sí tengo la certeza de que varias escenas ganarían en intensidad si el sonido extradiegético desapareciera. El propio Zimmer ha sabido cuándo cerrar el pico en casos memorables (como el duelo final de Gladiator), mientras que la banda sonora y los efectos de sonido de Dunkerque, por abrumadores y excesivos, llega un punto en que simplemente molestan.



Ojalá los supuestos protagonistas incordiaran igual, porque al menos sentiríamos algo por ellos. Donde había empatía, ahora hay distanciamiento y la sola promesa de una experiencia audiovisual per se (muy ruidosa, insisto). A ratos, la deriva narrativa y humana hace que esto parezcan tres documentales sobre la Segunda Guerra Mundial cosidos por la fuerza en lugar de un todo cohesionado. Sin desmerecer el brillante apartado técnico, prefiero al Nolan friki sin ínfulas de Oscar.
 

Reflexiones de bar:

1) Un día de estos, a cualquier espectador le reventarán los tímpanos de la mano de un Nolan o un Villeneuve. Podríamos ser tú o yo, lector.


2) ¿De qué huye George? ¿A nadie más le recuerda a Song Kang-ho?

3) Tengo un conflicto (eso de lo que esta peli huye) con la conclusión de la línea de Dawson / Peter / George, pero no quiero entrar en spoilers ―también me chirrían las escenas finales―. Si alguien se anima, nos vemos en los comentarios (iré sacándoles el polvo y las telarañas a ese rincón oscuro del blog, ¿sí? ^^).

4) Tom Hardy se pasa otra película entera con bozal (a este respecto, los chistes han colapsado la red). Ay, Christopher, pillín fetichista...

5) Para esta crítica de #Dunkirk de #Nolan, he omitido deliberadamente las palabras #Spitfire y #Stuka. ¡Jamás me encontraréis, arañas de Google! :p

18 de mayo de 2017

Alien: Covenant


Las películas de Alien se enmarcan tan bien dentro del subgénero "películas de Alien" que dejan poco margen de maniobra. Sinopsis estándar: los tripulantes de la Loremipsum acaban por accidente en el planeta Dolorsit Amet 9, donde demuestran un cociente intelectual inferior al requerido por el cargo que ostentan y mueren víctima de la amenaza xenomorfa uno a uno. Alien - Covenant sigue al pie de la letra esta premisa con cero sorpresas... lo cual la convierte, bajo sus propios parámetros, en una película de Alien cojonuda. El problema es que todo esto ya lo hemos visto antes.

Ridley Scott es, probablemente, uno de los mejores directores que existen. Competente, ambicioso, versátil y con un ego incontenible, al hombre no le falta de nada. Pero en Covenant he echado de menos el riesgo que le define en otros proyectos (para bien y para mal). Esta vez ha ido sobre seguro y ha rodado imágenes de belleza plástica incuestionable al servicio de una historia plana e, insisto, calcada a otras iteraciones. El único giro de la trama, por llamarlo de algún modo, dejará frío a los seguidores de Star Trek - La nueva generación... si hasta el porqué es exactamente el mismo.

Por otra parte, los personajes están desdibujados. Tengo la impresión de saber más de Jake que de Daniels (ella parece definida por su relación con él), y es imposible acordarse de uno solo de los miembros del equipo —llevar un sombrero de vaquero no te hace especial—. Además, se desperdicia el potencial de conflicto con la fe del capitán, un Billy Crudup al que su papel se le queda pequeño. A diferencia de ésta, en Prometheus se hacía un esfuerzo por expandir la mitología y crearse un universo propio, Noomi Rapace lo daba todo, y Charlize Theron e Idris Elba tenían donde agarrarse. El nexo entre ambas historias es la grandeza de Michael Fassbender, a quien Alien: Covenant está dedicada. Otra vez.



El androide más cabrón de la galaxia se ha erigido en el alma de la franquicia. En mi opinión, no podían haber elegido con más tino pero, por desgracia para la resurrección de la saga, me interesa más la historia de subversión de la IA que cualquiera de las apariciones del xenomorfo. No es por el tema en sí, sino por el buen hacer y la intensidad que Fassbender inyecta a todo lo que hace (¿Quién hubiese dicho que el terror sucumbiría al carisma?). La materia prima goza de una imaginería potente, pero creo que el uso de piloto automático tiene un límite. ¡Hablamos de Sir Ridley Scott, nada menos! Cuando veo al director, la gente implicada y los medios disponibles, pienso en la película que Covenant podría ser y —lejos, muy muy muy lejos de despreciar su calidad— no es.

¡Saludos!

23 de marzo de 2017

89ª edición de los Oscar


Aprovecho la entrega de los Oscar para dar un par de apuntes sobre algunas categorías. Sin más, vamos a por ello:

ACTOR PRINCIPAL
Casey Affleck (Manchester by the Sea)

Andrew Garfield (Hacksaw Ridge) / Ryan Gosling (La La Land) / Viggo Mortensen (Captain Fantastic) / Denzel Washington (Fences)

Empezar por esta categoría me viene de fábula para desquitarme con Manchester by the sea: ¡menuda castaña! Junto a Silencio, es lo más chungo que hemos visto recientemente. Casey Affleck se ha alzado con la estatuilla gracias al típico papel dramático con el que los críticos se mean del gusto. ¿Affleck lo hace bien? Transmite el estar hecho polvo por dentro y por fuera, ciertamente. ¿Se merece el premio? Para mí, no, la verdad. Estoy hasta el moño del galardón al "trastorno más logrado" (podrían llamarlo así y dejarse de historias). También admito que hay factores por los cuales me pesa dicho reconocimiento a este actor en particular —ver las "Reflexiones de bar" al pie para más señas—, y se lo hubiera entregado gustosamente a cualquiera de los otros cuatro nominados... incluso sin haber visto tres de las películas.


Por cierto, entre los nominados hay una ausencia imperdonable: Sunny Pawar, el joven (y adorable) Saroo de Lion. ¡Con 8 años es capaz de marcarse semejante papelón!




ACTOR SECUNDARIO
Mahershala Ali (Moonlight)
Jeff Bridges (Hell or High Water) / Lucas Hedges (Manchester by the Sea) / Dev Patel (Lion) / Michael Shannon (Nocturnal Animals)

Si el galardón a actor principal a veces huele a chamusquina, con el de secundario es imposible saber de qué palo irá la Academia. Hay una especie de Ley de la Inercia Cinéfila en Temporada de Premios© por la cual se recompensa en bloque a varias categorías de una misma película. Las afortunadas de este año eran La La Land, Moonlight y Manchester by the Sea. De entre los nominados —esta vez sí las he visto todas— me calaron especialmente Jeff Bridges y Michael Shannon. Por otra parte, del primero podría decirse que hace lo mismo de siempre; del segundo (un huracán de actor), que Nocturnal Animals no ha generado esa inercia que comento y de la que también hubieran podido beneficiarse Amy Adams, Jake Gyllenhaal o Aaron Taylor-Johnson. Finalmente, el Oscar ha recaído en Mahershala Ali por su papel de Juan en Moonlight. Dudo que sea la interpretación más destacable de esta (buena) película —¿qué hay de Little, Chiron y Black?—, aunque insisto en que buscar la lógica a esta categoría es como querer acertar el Gordo.



ACTRIZ PRINCIPAL
Emma Stone (La La Land)
Isabelle Huppert (Elle) / Ruth Negga (Loving) / Natalie Portman (Jackie) / Meryl Streep (Florence Foster Jenkins)

Me hubiese encantado haber visto Elle para decir algo que sospecho: que Isabelle Huppert está estupenda y el premio servía de reconocimiento tanto al papel como a su trayectoria. Bajo ese misma prisma, se lo habría podido llevar Meryl Streep, aunque también intuyo (hoy voy de pitoniso, pues tampoco he visto Florence Foster Jenkins) que ha habido mejores ocasiones. Lo de Ruth Negga, perfecta en la contemplativa Loving, hubiera sido raro por aquello de llegar y besar el santo, pero seguro que volvemos a saber de ella, o al menos así lo espero (de momento, disfrutémosla en Preacher).

Entonces, ¿quién ha hecho sombra a Streep y Huppert? En primer lugar, Natalie Portman, un animal del cine a quien nada queda por demostrar. Personalmente, tengo nulo interés en un biopic sobre Jacqueline Kennedy, aunque admito a regañadientes que el trailer tiene buena pinta. We'll see. Y Emma Stone, que pese a su juventud atesora unas cuantas dianas en su variada filmografía. Era difícil no caer rendido por su encanto en Supersalidos (sí, sí echo la vista atrás... aunque es fácil que el recuerdo lo nuble un tal McLovin), por su registro camaleónico en Rumores y mentiras, por su energía en Birdman, o hasta por su Gwen Stacy de corte nerd (más Stone que Gwen y todos contentos con ello). Obviamente, me faltan bastantes —me interesa recuperar The Help y Zombieland—. Si entre estas películas hay una constante es que la actuación de Emma Stone sobresale. En La La Land, hacia la que me deshice en halagos aquí, simplemente está de diez.


ACTRIZ SECUNDARIA
Viola Davis (Fences)

Naomie Harris (Moonlight) / Nicole Kidman (Lion) / Octavia Spencer (Hidden Figures) / Michelle Williams (Manchester by the Sea)

El glorioso cine Renoir se mostró inmisericorde con Fences, a la que sacó de los horarios de tarde antes de que tuviéramos tiempo de verla. Por ello, mi deuda cinéfila con Viola Davis sigue pendiente. El caso de Figuras ocultas se resume en cero promoción, algún póster en paradas de autobús y listos. Es una de esas pelis que no sabes que existe hasta que se cuela en tal o cual lista... y ya es tarde, otra vez. ¿Distribución limitada acorde a estudio de mercado centrado en interés del público objetivo? Como espectadores, somos unos racistas de tomo y lomo; en efecto, los protagonistas de ambas películas son actores y actrices negros. Por lo visto, al director de Moonlight, Barry Jenkins, le preguntaron dónde estaba la gente blanca, a lo que él respondió algo parecido a "en la audiencia, idiota" (he intentado encontrar el artículo original y no hay manera).


Gracias al reconocimiento internacional de la crítica, Moonlight ha corrido mejor suerte y hemos podido disfrutar de la intensa interpretación de Naomie Harris. Estoy convencido de que estaba en segundo puesto —de haber sido una película, esa noche podrían haber cantado su nombre—. Que Michelle Williams se haya colado en la lista es de risa: me recuerda al caso de Judi Dench, que se llevó un Oscar por, visto en perspectiva, hacer de Judi Dench en Shakespeare in Love durante un par de escenas (ese clásico porte airado que tanto nos gusta). Finalmente, la nominación de Nicole Kidman también era previsible después de los Globos de Oro, aunque creo que ella sí merecía competir por la estatuilla. Tanto el papel de Kidman como el de Naomie Harris son, desde mi punto de vista, papeles secundarios ejemplares, que calan y son esenciales para definir la personalidad de la película.

 

LARGOMETRAJE ANIMADO
Zootopia

Kubo and the Two Strings / Moana / My Life as a Zucchini / The Red Turtle

Cuando uno escucha a Cosette hablar de Zootopia tiene la certeza de que los personajes animados en 3D (zorro y coneja, para más señas) tienen tanto que ofrecer como el más incombustible actor de método. El amor que ella y otros profesamos a esta película hace que no solo nos parezca natural que haya ganado el Oscar en la categoría de largo animado, sino que nos planteamos por qué narices no está nominada a mejor película. A secas. Y con opciones claras a primera posición. (¿qué tontería es ésa de Moonlight? :p).



Entre sus incontables virtudes, Zootopia goza del mimo de los artesanos de Disney, un guion a prueba de balas que tontea con el noir (sorprendente) y, por encima de todo, está plagada de personajes carismáticos muy pero que muy... humanos. Sin abandonar la senda del humor, trata con profundidad inusitada temas como el racismo y los prejuicios; se nota que sus protagonistas, para variar, han dejado atrás los problemas de acné (Judy tiene 24 y Nick, 32). Zootopia fue la sorpresa animada de 2016, ya que se concibió como una de las películas "menores" del estudio —Disney no trabaja a pequeña escala—. La auténtica apuesta era Moana, una película entretenida y muy recomendable, pero Zootopia es una delicia con muchas más capas de lo que a simple vista parece, de visionado obligado para los que gozamos del buen cine sin etiquetas.


DIRECCIÓN
La La Land (Damien Chazelle)

Arrival (Denis Villeneuve) / Hacksaw Ridge (Mel Gibson) / Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan) / Moonlight (Barry Jenkins)

Un año más, la categoría de dirección es un campo de nabos. La sorpresa es que en esta edición hay un nabo negro (poco a poco, Hollywood, poooco a poooco). Sobre Manchester by the sea ya he malgastado suficientes líneas —llega a ganar Lonergan y me cuelgo—. A Arrival se las dedico en la siguiente categoría y, como no tuve ocasión de ver Hacksaw Ridge (sorry, Mel!), solo quedan La La Land y Moonlight, las grandes rivales y triunfadoras de la noche. 


Es probable que La La Land no fuese lo que es sin el empeño de Damien Chazelle, un cineasta de lujo que ya demostró ampliamente su valía en Whiplash. Me cuesta ser objetivo porque La La Land me robó el corazón y se convirtió en uno de los pocos musicales que tolero —después de ver La Bella y la Bestia, ratifico dicha opinión—. Como premio de consolación es respetable, ya que a Chazelle le privaron de llevarse el de...

MEJOR PELÍCULA
¡Suicide Squad! Ya que se equivocaban de tarjeta, ¡que lo hubieran hecho a lo grande! ¿Os imagináis? A los mandamases de Marvel/Disney les da un soponcio antes de que enmienden la patinada... En fin, con esto se cubr el cupo de amenidades de cada gala. 


MOONLIGHT, película ganadora de la 89ª edición de los Oscar
Finalistas: Arrival / Fences / Hacksaw Ridge / Hell or High Water / Hidden Figures / La La Land / Lion / Manchester by the Sea

De las nominadas, solo me falta comentar Arrival. La he reservado para el final con mucho cariño: ¡qué película tan sobrevalorada! Según la entiendo, hay que hacerle demasiadas concesiones y, para colmo, es tramposa en la construcción del personaje principal. Eso sí, está contada con mucha gravedad, caras largas y diálogos crípticos pretendidamente profundos —un poco la misma mierda que a ratos se fuman en Westworld—. Al final todo es una chorrada mayúscula que a duras penas se aguanta con pinzas, ¿no? Pues no: doble turno de reverencias a director y película, más tratamiento en los medios de obra maestra de la ciencia ficción. ¡Anda ya! Sin compartir en absoluto tal consideración y con el afán de ser constructivo, en Arrival aprecio la contención interpretativa de Amy Adams (intachable en el papel de la doctora Banks), que el lenguaje ocupe un lugar central en la trama (cosas de filólogos :p) y un diseño de producción espectacular. De Villeneuve solo he visto Sicario, una historia sólida que disfruté, y no hago más que escuchar halagos hacia Incendies, Prisoners y Enemy (pendientes). Si ya digo yo que el hype es mala cosa… que Arrival supuso un chasco, vamos. No obstante, su habilidad como director salta a la vista y tengo curiosidad por ver qué hace con Dune y Blade Runner.

 

Finalizado el repaso, el académico que llevo dentro habría premiado a:
1. La La Land
2. Comanchería (Hell or high water)
3. Moonlight

 

He dejado Lion fuera de este podio porque creo que la segunda parte de la cinta no está a la altura de la primera (dominada por un Sunny Pawar gigante), aunque es el tipo de historia un poco sensiblera que encanta a los premiadores profesionales. El resto no las he visto o no creo que merezcan estar ahí.
 

No voy a extenderme más con las gracias de La La Land —la red está sobresaturada (de haters también)—, pero sí lo haré con Comanchería: se merecía más. Se merecía ALGO. Es una película magnífica que ha pasado por las salas sin pena ni gloria, más allá de la buena acogida crítica. En cualquier caso, ambas historias se mueven en parámetros de lo ya visto; no trascienden ni rompen convenciones como sí lo ha hecho Moonlight.
 

La película de Barry Jenkins es una experiencia sensorial que cataliza emociones con un lenguaje único, una paleta de colores rica y personal (el juego de luces y texturas juega un papel determinante). Moonlight abandona la senda comercial en lo plástico y lo narrativo. Es un viaje en falsa primera persona: desde la mirada de Chiron presenciamos un relato fragmentado que frustrará a quienes necesitan todas las piezas para que algo tenga sentido. ¿Acaso la vida ofrece todas las respuestas?

De vez en cuando, un trabajo bien hecho y el boca-oreja logran que un colectivo minoritario reciba visibilidad y, con ello, (re)conocimiento y, si el momento es oportuno y la sociedad no está tan loca como de costumbre, aceptación. En ciertas ocasiones, la Academia capta las vibraciones, sale de la zona de confort y las amplifica. Méritos cinematográficos al margen, los Oscar son una maniobra publicitaria como cualquier otra, estudiada al milímetro, pero no tenían por qué hacerlo: lo fácil, cómodo e incluso esperable era premiar a La La Land… pero a veces (¡solo a veces!) hasta los privilegiados entienden que es más importante ayudar a abrir camino. ¡Enhorabuena, Moonlight!
 

¡Saludos!


Reflexiones de bar:
 

1) En plan off-topic, cada vez me cuesta más separar al artista de la persona. Por ejemplo, en lugar de celebrar cada tontería que hace, estaría bien que Hollywood condenase abiertamente la pedofilia de Woody Allen, pero es más fácil mirar hacia otro lado. Que Clint Eastwood se haya revelado como el facha definitivo me da bastante asco, pero al fin y al cabo vive en un país que mira hacia la derecha (que fuera un Trump supporter me partió el alma). Pues sobre Casey Affleck recaen acusaciones muy serias que, si de mí dependiera, le lastraban la carrera de un plumazo. Mezclo churras con merinas, lo sé (o no), pero el blog es mío y me lo foll...
 

2) "City of Stars" se ha llevado el Oscar a mejor canción, aunque yo la veo más como un tema de personaje(s) que va evolucionando con ellos. Personalmente, prefiero "Someone in the crowd", acorde a la energía que irradia la película (me va lo movidito, yep). Como mínimo, no ha ganado un tema celindionesco de esos que empachan.
 

3) Puedo vivir con que Sing Street no haya recibido ninguna nominación "seria", pero me fastidia que en el apartado musical también se quede a dos velas. "Drive it like you stole it" tiene un aire ochentero irresistible y nivel para arrasar en cualquier lista.
 

4) Ya que estamos a vueltas con el sonido, ¿Dennis Villeneuve pretende que nos quedemos sordos con sus películas? En el caso de Arrival, mucho ruido (literalmente) y pocas nueces. 

5) Con Oscars o sin ellos, tengo la impresión de que el 2016 fue un año de buenos títulos. ¿He ido más al cine —y el balance va a peso— u os pasa lo mismo?