3 de agosto de 2016

Como decíamos ayer...


Mis queridos lectores, ¿qué mejor momento que primeros de agosto para dar carpetazo al difunto 2015? :p

Para Cosette y para mí fue un año de poco cine y nos resulta imposible llevar al día el mercado actual de series; en consecuencia, la siguiente recopilación es incompleta y, por supuesto, irremediablemente subjetiva. A por ello.


LUTHER
Mención especial al retorno de mi policía británico favorito, tan competente como torturado. Solo han emitido dos capítulos de la cuarta temporada (¿habrá más?), pero han bastado para quitar el mal sabor de boca que me dejó el final de la tercera. Nuevos personajes en viejas situaciones que conservan el aroma de lo que hace grande a esta serie.


THE AMERICANS
Con cuatro temporadas a sus espaldas, la historia de este matrimonio de agentes soviéticos viviendo en suelo americano ha alcanzado la madurez y amenaza con seguir dando momentos inolvidables a la par que angustiosos (¿sabíais que una persona cabe en una maleta de viaje? ^_^U). Los protagonistas han evolucionado y los dilemas a los que se enfrentan han dejado de ser exclusivamente de seguridad nacional: ¿por qué hacemos lo que hacemos? ¿Qué herencia queremos dejar a nuestros hijos? A esta serie superlativa e imprescindible le auguro un final agridulce. Si no habéis empezado con ella, ved el piloto y comprobad qué sensaciones os da; si os defrauda, os devuelvo el dinero :p


HOMELAND
Un hombre de verdad sabe reconocer cuándo bajar la cabeza y aceptar que algo es más grande que sí mismo: Homeland debe de serlo, digo yo… porque si no menciono la quinta temporada mi novia me deja.
Coñas al margen (:p), Homeland hace unas cuantas cosas bien. La primera es el reinventarse cada año bajo el prisma de la amenaza terrorista. La segunda son las aristas no siempre amables de Carrie Mathison, riesgo aplaudible como espectador. Es un personaje en crecimiento constante; quienes pensábamos que la maternidad iba a ser una lacra para la serie posiblemente no supimos ver que tal vez sea la gran vía de redención para Carrie. La tercera es la clarividencia, con conflictos internacionales que se asemejan de modo terrorífico a la situación actual del bloque del este (“This is the new normal, gentlemen”). La cuarta son los villanos y, en esta ocasión, Alison (Miranda Otto) ha demostrado que las puñaladas también pueden venir de aquellos en quienes confías. La quinta es Peter Quinn, secundario que se ha ganado el ir avanzando de posición en los posters promocionales hasta ser un clarísimo favorito de los espectadores, capaz de robarle el protagonismo a la mismísima Carrie (incluso con líneas tan flojas como la de este año) o de poner en duda cómo se forjan las relaciones más importantes de la serie… Como no quiero entrar en el terreno de los spoilers, solo añadiré esto: ¡nos tienes en vilo, Quinn!

 THE KNICK 
A Soderbergh le das un rato libre y:
- Te ilumina, rueda y edita él solo una “serie de médicos” como la copa de un pino.
- Decide que sea de época, a principios del XIX, porque la medicina moderna está muy vista.
- Le da una personalidad sonora y visual inconfundible.
- Se rodea de un casting sin fisuras.
- Escribe a un grupo de personajes grises y complejos; en definitiva, muy humanos.
The Knick es una de esas series que tienen que recomendarte porque probablemente no verás demasiado publicitada. Si os llega el canto de sirena, no os tapéis los oídos y abrazad su melodía.


MR ROBOT
Esta historia nos habla de la revolución en las sombras contra el control de la macrocorporación E-Corp (Evil Corp, como no dejan de llamarla), enfocada desde la perspectiva de un grupo de hackers. Utiliza imágenes y nombres reales para criticar el mundo contemporáneo; emplea argot informático de modo alienante; bombardea sin miedo con planos incómodos, tempo inquietante y música machacona; está protagonizada por seres que habitan en la frontera de la cordura… Eliot y Tyrell Wellick, su némesis, serán difíciles de olvidar. Ah, y me inclino antes esos títulos de crédito propios de un Tarantino desatado.

Mr Robot es singular, probablemente la cosa más rara y arriesgada que he visto en TV (no tengo ni idea de por dónde irán los tiros en las segunda temporada). Aunque me ha encantado, soy incapaz de recomendarla.


AGENT CARTER
La agente Peggy Carter fue uno de los muchos hallazgos de Captain America. Reconocer su valía con un spin-off ha redundado en un acierto detrás de otro, y Hailey Atwell (una actriz fantástica) ha exprimido cada segundo en pantalla.

Mantiene el tono de espionaje y aventuras de la película original, muy logrado pese al ajustado despliegue de medios. Al espectador se le presupone un conocimiento “básico” (saber quiénes son Steve Rogers/Capitán América o Howard Stark, y la relación que tenían con Peggy), pero en general encaja en la cronología Marvel sin que eso suponga una lacra insalvable para los no iniciados. Logra desmarcarse de las ataduras del original gracias a personajes carismáticos y a un guion fresco y ágil que se beneficia de la química que mantienen entre ellos.

Recuerdo que el piloto me dejó un poco indiferente, pero el ritmo mejora una barbaridad a medida que pasan los capítulos. Es una serie divertida sin dejar de ser oscura que al final me tenía enganchado sin remedio, siempre con ganas de más y gozando de cada chliffhanger, marca del género. Ya sea por completismo o para pasar un buen rato, Agent Carter es una magnífica elección.

Update: ugh, la han cancelado… lo cual no anula nada de lo dicho. Go, Peggy, go!


MOZART IN THE JUNGLE
Me aproximé a ella con cautela, como si fuera un animal salvaje que huiría de mí en cuanto me viera, pero me cautivó con sencillez, buen rollo y cierto grado de locura. Entre los modos de tratar el ambiente entre bambalinas de una orquesta de primer nivel, temía que la escogida por Roman Coppola y Jason Schwartzman se regocijara en el ombliguismo; sin embargo, su retrato de las élites es crítico, condescendiente y simpático. Quiero pensar que saben de lo que hablan y, precisamente por eso, han sabido adaptarlo incluso a paladares no exquisitos como el mío.

Mozart in the Jungle se pasa en un suspiro gracias a sus personajes, gente corriente en situaciones excepcionales y viceversa, y tiene momentos de belleza musical y estética simpar (el caballo blanco en la mansión, onírico, o ese emocionante ensayo en plena calle…). Me hizo ilusión que Gael García Bernal consiguiera el Emmy por su interpretación de Rodrigo, ese director de orquesta carismático, genial y atolondrado que dota de alma a una serie fresca y dinámica. Si pongo más adjetivos voy a reventar… ¡vedla ya!

Update: justo ahora mismo veo que la segunda temporada está disponible desde diciembre. Andar ocupado es fatal para las aficiones :p


DAREDEVIL
Durante esta temporada televisiva he consolidado dos opiniones. La primera es lo capital de que un producto audiovisual cuente con buenos actores y actrices para implicarnos en la historia***. La segunda, solo aplicable a ciertos tipos de producto, es que un gran villano multiplica la diversión y el interés; puede incluso eclipsar al héroe… y eso está bien. El Daredevil de Netflix cumple ambos conceptos a rajatabla, dando cuerpo a una historia que conocéis de sobra: chico ciego con poderes es abogado de día y justiciero en leotardos de noche. Si uno es capaz de aceptar la propuesta, el resto llega solo porque, madre mía, ¡qué pedazo de serie primera temporada!

En esta ocasión, el abogado es Charlie Cox, a quien no era capaz de imaginar en la piel de Daredevil hasta que le vi metido en el ajo. Lo mismo con Vincent D'Onofrio. ¿Kingpin? ¡Anda ya! Pues es lo más arrollador de un conjunto que deslumbra por su excelencia. El mimo con que se construye a Wilson Fisk obliga a pensar en por qué no se ha hecho SIEMPRE así. El desprecio total con que se define al villano ha salpicado a casi todos los Bond (por nombrar a un damnificado obvio) y empaña una cifra no desdeñable de historias en todos los formatos. Y volviendo al tema, Charlie Cox, Rosario Dawson (Claire), Deborah Ann Woll (Karen Page), Elden Henson (Foggy) y Ayelet Zurer (Vanessa) están fantásticos; el tono es perfecto y la trama sorprende a cada capítulo sin dejar de avanzar ni tropezar con clichés absurdos que en otras creaciones del género se perpetran con piloto automático. En conclusión: Daredevil es B R U T A L.   

*** Outlander y sus protagonistas (con la expresividad de un cenicero) son la excepción de manual a la primera norma. La presencia de Black Jack, tipo deliciosamente sádico y perverso, no fue suficiente para compensar la tortura que suponía aguantar a Kaitriona Balfe y al tipo ese cuyo nombre me da pereza buscar en cada maldito plano. Está claro que nacer con un rostro agraciado tiene su utilidad… Le dimos patada tras diez agónicos episodios.


*** Lo de The Man in the High Castle es distinto. Si bien Alexa Davalos es incompetente y lo de Luke Kleintank directamente no tiene nombre (es el sosainas carapalo de Joe Blake), Rufus Sewell, Rupert Evans, Cary Hiroyuki Tagawa, todos los secundarios y un mundo bien construido hicieron que nos cascáramos la primera temporada con extraño gusto. 

Update: la segunda de Daredevil ha dejado bastante que desear. Personalmente, he acabado hasta el moño de ataques ninja sin sentido y hasta le he cogido un poco de manía a Matt (a veces parece corto). Ha habido elementos positivos, como Frank Castle, Fisk (otra vez) o la evolución de Elektra. Supongo que el problema fue dónde dejó el listón la primera… ¡Que la tercera sirva de desempate!


JESSICA JONES
La calidad de Daredevil te lleva directo a Jessica Jones, también de Netflix y con la que comparte la ambientación del Hell’s Kitchen neoyorquino. Por razones similares a su hermana de cadena, constituye otro acierto: pies en el suelo, protagonista interesante (actriz ideal) y villano de lujo (actor ideal). 

Tal vez tenga alguna salida de tono en su tramo final, pero es que el arranque es tan contundente que resultaba complicado mantener el equilibrio. En este caso hay una trama paralela torpemente escrita (el grupo de apoyo) que, gracias a una maniobra más o menos graciosa, nos deja en un “bueno, por qué no”. También hay un secundario al que se da cierta cancha, Luke Cage, que tiene muy poca presencia para tanto cuerpo… y lo dejo ahí, que estoy de demasiado buen humor como para ponerme a rajar en serio. Sin embargo, Trish y Simmonds aprovechan cada secuencia y se convierten en parte esencial de la historia (¡mucho ojo con ambos!). 

Salvo el par de pegas, Jessica Jones es una serie perturbadora e inquietante, cruel como pocas, que se merece que le echéis un vistazo al piloto: os dejará con el culo pegado al sofá y ya no podréis volver a  levantarlo.   



SENSE8
Elección, identidad, amor, comunidad, sacrificio, destino. Estos temas rondan en el imaginario de las hermanas Wachowski desde su debut en la magnífica Lazos ardientes (Bound, 1995) y, sin duda, estallaron en The Matrix (1999). Mucho ha llovido desde entonces, pero la aparición de Sense8, su primer trabajo en TV, confirma que sus obsesiones siguen ahí y conservan el buen pulso para atar una buena historia (sí, sí, corramos un tupido velo sobre Jupiter Ascending).

La trama nos mete de lleno en la vida de ocho individuos que, repartidos por los cinco continentes, no se conocen entre ellos y nada tienen en común hasta que comparten la visión de una mujer que se suicida. A partir de ese momento, todo dará un giro radical cuando descubran que están conectados de una forma que no alcanzan a comprender.

Es sencillo trazar paralelismos con las ideas expuestas en Cloud Atlas, que codirigieron junto a Tom Tykwer, que aquí codirige y coguioniza. J.M. Straczynski también está detrás del proyecto. Grandes nombres a los mandos y un casting impecable al frente de las cámaras, herencia televisiva y cinematográfica de creaciones previas. Tiene el mejor montaje que he visto en una serie de televisión, digno de elogio y sin tregua para el espectador. Es ambiciosa, aunque la verdad es que toca unos palos mejor que otros (ay, Wachowskis, qué insistencia en el amor…), por lo que es muy fácil hacerse fan de Nomi y Amanita y cuesta un poco compartir la “química” entre Kala y Wolfgang, por ejemplo. Lito (maravilloso Miguel Ángel Silvestre), Sun, Riley, Capheus… cada personaje tiene algo que lo hace especial, merecedor de formar parte de este peculiar experimento.

En este caso, tampoco tengo idea de cómo piensan desarrollar la historia durante la segunda temporada (cosa que me encanta) y, por desgracia, tendremos que esperar a diciembre para saberlo. Es complicado hablar de Sense8 sin desvelar alguno de sus secretos, conque no dejéis que os cuenten nada sobre ella: lanzaos al vacío y disfrutadla u odiadla sin más. Sea lo uno o lo otro, volved para compartir la experiencia ;)
 

Dejo en el tintero a Penny Dreadful (de la que solo me falta por ver el capítulo final), la primera de The Expanse (muy recomendable, y sobre la que podéis leer aquí) y alguna más que ahora no recuerdo. Pero o subo ya esta entrada o quizá pasen dos años y medio más…

¡Saludos!

(PD: os he echado mucho de menos y no sabéis la ilusión que me hace publicar esto, aunque sea tarde y mal. ¡Gracias por llegar hasta aquí!)

9 de enero de 2014

Cine: "El Hobbit, la desolación de Smaug"




El otro día unos amigos y yo tomábamos algo mientras daban El Retorno del Rey por televisión (saludos, Onari y Nekro). A ratos echábamos un vistazo a pantalla comentando lo épico de esto o lo emotivo de aquello, y entonces me di cuenta de lo indiferente que me resulta la nueva aventura de Bilbo y compañía en comparación. Está bien, sí, pero simplemente bien. 
 
Mismo equipo, idéntico estilo, similares intenciones. ¿Soy yo, que me he hecho mayor, o es Peter Jackson, que no ha sabido tomarle el pulso al texto de El Hobbit? Es duro reconocer lo primero (más de una década ha pasado ya) y afecta más allá de que el factor sorpresa haya desaparecido. Pero también hay pruebas irrefutables de lo segundo: la película triplica la duración recomendada del relato y, ahora sin complejos, aspira abiertamente a ser la precuela de El Señor de los Anillos. Referencias sin tregua, personajes de aquella traídas a esta con mayor o menor fortuna e incluso vamos a tener una "película puente" en la tercera. 


La inesperada grandeza a la que aspira El Hobbit como adaptación y la despreocupada ligereza de la novela original contrastan con ritmo y tono irregulares. Del cuento queda la acción desenfrenada y absurda hasta la caricatura; un avance sin tregua ni reglas salvo la diversión; villanos malvados, ruines, cejijuntos, con granos en la cara y la mayoría, hasta un poco idiotas (es complicado empatizar en ese frente). En contrapartida, la creciente atracción de Bilbo por el anillo, la hijoputez natural de Thorin, elfos de rancio abolengo de turbias intenciones o un dragón de lengua viperina con muy malas pulgas aportan un toque de oscuridad y responsabilidad que le sienta bien al conjunto. 

También hay espacio para la cosecha propia, como la elfa Tauriel (Evangeline Lilly) o romances interraciales, que compensan carencias existentes en la fuente y que desde el canon crítico actual son de agradecer. Otro personaje destacado es el arquero Bard (Luke Evans), que consigue mucho con muy poco y se erige en portavoz del pueblo a la par que antagonista moral de la ambición de Thorin (el resultado de su batalla dialéctica en la plaza puede verse como el preámbulo de la caída que sobrevendrá a la Tierra Media... aunque quizá estoy meando fuera de tiesto). 


Retomando lo comentado arriba, El Hobbit me parece irregular. Un ajuste en el enfoque y un tijeretazo generoso en el montaje obrarían maravillas en lo hecho hasta la fecha. Es un proyecto que pasó por varias manos hasta llegar a las de Peter Jackson y va soltando lastre a medida que avanza, ganando confianza en sus posibilidades. Vista la mejora respecto al dudoso arranque, la clausura será determinante para valorarla en su justa medida (no son simples películas sino un macro relato). Volveremos a encontrarnos dentro de un año para ajustar cuentas, Bilbo Bolsón... ¡Hasta entonces!

PD: No puedo olvidar a Gandalf, a quien da gusto ver y, más allá del icónico anillo, es el corazón que enlaza las dos trilogías. Mención de honor para el mago.

30 de noviembre de 2013

Cine: "Thor, el mundo oscuro"


De lo que ha dado en conocerse como "Fase 1" del megaproyecto superheroico de Marvel, Thor me parece la más floja del conjunto. Poco camino ha recorrido la "Fase 2", pero Thor: el mundo oscuro ya tiene papeletas para repetir hazaña (y eso que Iron Man 3 no es precisamente una pieza de orfebrería). De un irreconocible Kenneth Branagh a los mandos de la primera pasamos a Alan Taylor, sacado de la cantera de directores de Juego de Tronos. Coherente con su herencia es, porque a ratos da la impresión de que maneje un presupuesto televisivo: cartón-piedra, efectos digitales que se quedan en lo meramente correcto, armaduras de secundarios hechas de cualquier material excepto el metal o cuero que pretenden parecer, etcétera.

Pese a la pulla, el arte conceptual es el aspecto más destacable de la película. Vemos una vertiente tecnológica de Asgard basada en naves, cañones, bayonetas láser y demás parafernalia que no conocíamos. Es un mejunje extraño que no tiene ningún sentido pero sabe bien. Las naves de los elfos oscuros son bastante impresionantes, tanto en diseño como en maniobrabilidad (habilidad que no se transmite a los miembros de su raza, torpes hasta rozar lo ridículo; como muestra véanse las lamentables escenas de persecución a pie por Londres). Hacia la mitad hay una escena emotiva, con barquitos que se adentran ardiendo en el mar... errr... si no captáis el spoiler, mejor. En fin, esa escena es hermosa y se lamenta que al resto de elementos se los haya tratado con menos cariño.

"Hermano, te has buscado una novia perfecta para ti."
Para bien y para mal, la película mezcla drama y comedia con total desparpajo. En cuanto a esta última, no tiene filtro: lo echan todo en el saco, con lo que provoca risas o vergüenza ajena de forma alternativa. Lo mejor es tomárselo como el sobreactuado Loki (él y su bromance ―literal― con Thor, lo mejor) e intentar pasarlo bien, que es lo máximo que sacaremos de esta olvidable cinta, simple engranaje de un artefacto mayor. Lo que lleva a...

Pero qué tonto es Thor...
¿Qué hay de los Vengadores? ¿Dónde se han metido? Esto no es un pseudo-western entre colegas como las entregas de Lobezno, ni una visita sorpresa con helicópteros y misiles a casa de Tony Stark. Nada de piques entre amigos, señores, esto son nueve mundos que convergen espacio-temporalmente mientras el éter campa a sus anchas y amenaza con destruir el universo. ¿No es motivo suficiente para sacar a los Vengadores de la guarida? Eh, no me miréis así; es como en Marvel quieren que pensemos ahora. Si ellos no están a la altura del reto no es culpa nuestra.
 
¡Saludos!

15 de noviembre de 2013

Cine: "La vida de Adèle"

Como título, La vida (en primer plano) de Adèle haría mayor justicia al film de Abdellatif Kechiche. Durante tres horas nos mantiene pegados a detalles de la cara de Adèle, su nuca o cualquier parte de su cuerpo. Cualquiera. Eso es lo que la ha puesto en boca de todos. De acuerdo, os concedo que la Palma de Oro en Cannes tal vez haya tenido algo que ver...

Puede parecer que la homosexualidad es el tema principal de la película, pero en realidad se trata de identidad, del descubrimiento de uno mismo. Que dos mujeres se acuesten juntas en pantalla se convierte en algo accesorio, incluso molesto cuando se exceden con ello (seis minutos de polvo, lo cronometré). Creo que es más adecuado hablar de historias de amor y desamor filmadas de forma cercana, muy cercana. Tan literalmente cercana que solo hay planos medios en tres o cuatro ocasiones.

Entiendo el concepto de cinéma vérité. No obstante, considero innecesario que se recreen en mocos cayendo de nariz a barbilla cada vez que una protagonista llora. Regodearse en bocas abiertas masticando espaguetis con las comisuras manchadas de salsa de tomate tampoco parece capital. De hecho resulta contradictorio cuando en el acto sexual se ponen mojigatos con ausencia de sudores y otros fluidos. Es todo muy aséptico.


Adèle deambula por la vida sin rumbo definido, rompiendo corazones allí por donde pasa. Como crítica (la última), cuesta ver el magnetismo del personaje más allá de la belleza afeada de la actriz, Adèle Exarchopoulos. Es una adolescente aprendiendo a vivir, y quizá sea esa curiosidad reticente el mayor reclamo de su atracción. Lo contrario sucede con Emma (Léa Seydoux), un torbellino de la naturaleza de cabellera azul. A ella va dedicada el título internacional, sacado del comic en que se basa la historia: Blue is the warmest colour. La calidez de Emma enamora a Adèle tanto como a nosotros.

Al final uno se acostumbra a labios carnosos, pelo revuelto, poros y hasta manchas de espaguetis rebañadas con moco. Es más, es difícil de explicar cómo pasan a formar parte del encanto de la cinta otorgándole personalidad. El intimismo de la historia termina por calar; es entonces cuando reparamos en ese intrigante subtítulo que reza "episodios 1 y 2" y nos preguntamos con interés qué será de estas personas en los episodios 3, 4, 5...

¡Saludos!

9 de noviembre de 2013

Libros: "La Ciudad Embajada", de China Miéville

La idea era salir del círculo de recomendaciones para probar algo nuevo: ciencia ficción bien valorada y, requisito imprescindible, recién escrita. ¿Qué se cuece en la ficción actual? Esa es la pregunta a la que quería responder. En Casa del Libro habían montado varios expositores dedicados a literatura de género; entre ellos había una novela de portada sobria llamada La ciudad embajada (Embassytown), de China Miéville, ganadora del premio Locus 2012 a mejor novela de ciencia ficción. Os dejo con la sinopsis, sacada de la página oficial: 

"En un futuro lejano, los humanos han colonizado un planeta remoto, Arieka, habitado por los enigmáticos ariekei, seres sensibles e inteligentes conocidos por hablar una lengua totalmente insólita en el universo. Los únicos humanos que han dominado esta lengua son un cuadro limitado de embajadores. La protagonista, Avice, una colona humana, no habla el idioma de los ariekei, pero forma una parte indeleble de esta lengua.

La llegada de un nuevo embajador a Arieka trastornará profundamente el frágil equilibrio en el que conviven humanos y extraterrestres. Avice se verá obligada a cuestionar ciertas lealtades: hacia un marido al que ya no ama, un sistema del que ya no se fía y un idioma que ella no habla pero que se expresa a través de ella. Al avecinarse un cataclismo de proporciones incalculables, intentará hacer lo imposible: comunicarse directamente con los alienígenas."

Miéville es un autor británico que lleva una década cosechando buenas críticas y obteniendo los más prestigiosos galardones en el campo de la fantasía. Palo que toca, palo que acierta. Las referencias sobre el autor y la novela eran excelentes y las opiniones de los lectores en Goodreads iban a la zaga; como el tema me atraía lo suficiente, me puse manos a la obra. Pese a un estilo elaborado, la incapacidad de atraparme más allá de lo técnico ha convertido la lectura en un tedio. Para mí, La ciudad embajada tiene dos grandes problemas: la validez de la propuesta y Avice, la protagonista de la novela. 

Hay quien opina que es irrelevante sobre qué verse una obra de ciencia ficción pues al final todas hablan de la humanidad y reflejan aspectos de nuestra sociedad. No es el caso de La ciudad embajada, desde luego. Uno de sus grandes temas es cómo el lenguaje modifica el pensamiento; por lo tanto, el lenguaje y sus tropos son un aspecto esencial de la obra: en la trama se genera un conflicto directamente relacionado con lenguaje cuyo tratamiento alcanza la categoría de tesis doctoral y que aquí funciona como premisa. Lo aceptas y entras en la historia o no lo haces. Tengo a Miéville (y a cualquiera con sentido común) por una persona inteligente que, antes de adentrarse en aspectos teóricos, sin duda habrá llevado a cabo una exhaustiva investigación para no patinar. No obstante, el propio autor ha declarado en entrevistas que, al tratarse de ficción y ciencia ficción, puede lanzar preguntas sin preocuparse de aportar respuestas o ser necesariamente consistente con el mundo real. Para mostrar mi desacuerdo, expongo que esto no es un thriller donde el escritor se salte a la torera algún paso crucial de la policía científica (o mezcle labores departamentales sin darle importancia, como ocurre todo el tiempo en televisión) porque al fin y al cabo busca entretener o contar cómo su protagonista cae en el abismo. En esta novela el lenguaje, su comprensión y análisis son DETERMINANTES y, por lo tanto, su tratamiento no debe ser tomado a la ligera.

Algunos lectores considerarían un atenuante el tener a una protagonista que quitara el aliento. Tampoco es el caso. Hay advertencias en foros sobre cuánto cuesta superar el tercio de libro; una vez conseguido, dicen, la recompensa es inconmensurable. Bien, ese primer tercio que narra la infancia de Avice Benner Cho es mi parte favorita de la historia. Miéville nos introduce en los entresijos de la Ciudad Embajada de modo imaginativo, ya que el punto de vista es el de una muchacha de unos 10 años y está escrito en primera persona (con la dificultad que esto conlleva). La pequeña Avice es valiente y audaz, cualidades que acaban por involucrarla con los Anfitriones de una forma que tardará mucho en comprender. Cuando abandona su ciudad natal y, ya adulta, regresa con una mejora en su status quo (profesional cualificada, visitante de mil mundos), nos encontramos con un personaje que desde mi punto de vista es indescifrable e incomprensible.

Hay muchas teorías al respecto, pero podríamos generalizar diciendo que la primera persona suele ser una puerta al mundo interior del narrador. Avice Benner Cho se parece más a una observadora supuestamente objetiva que un poco por casualidad se encuentra donde ocurre la acción. Ella misma se muestra sorprendida de que el Consejo de la ciudad no solo le permita estar ahí sino que además valore toda sugerencia que pueda aportar. Otros personajes de peso también la toleran y consultan asuntos de relevancia con ella. Avice resulta ser una pieza clave en todo lo acontecido en la novela pero... no sabemos por qué. Algo similar ocurre con algunas de sus decisiones: "no comprendo cómo acabé ahí pero el caso es que ahí estaba" (no es una citación literal... pero casi). Tanta gratuidad se convierte en repetitiva y frustrante; el guión avanza a golpe de coincidencias. Además, Avice es un personaje despreocupado sin interés en lo que ocurre a su alrededor; no obstante, por alguna razón (imprecisa, como siempre) acaba siendo uno de los ejes en el mayor evento sociopolítico ocurrido en la historia de su planeta. No es que le pasen muchas cosas, es que las cosas pasan donde está ella. Cuando al final decide entrar en acción, traza un plan para el que sabemos que no está cualificada para planear ni llevar a cabo (dado el caso, habría correspondido claramente a otro personaje).

En conclusión, La ciudad embajada me ha parecido densa y profundamente aburrida. Su moderada extensión (no alcanza las 450 páginas) se me hizo interminable: a la mitad ya había perdido el interés por lo que quisiera contar. Lo atribuyo a que el tema, pese a que por su rareza fuera lo que me atrajo en un principio, domine de forma tan rotunda al resto de elementos y la balanza se desequilibre. Es una de esas novelas que odio encontrarme porque hacen que deje de leer, que invierta dos meses en algo que ocupa, a mi lento ritmo diario, unas tres semanas.
Las portadas UK de Macmillan son una gozada
No obstante, debo reconocerle a Miéville varios puntos de interés, siendo los más relevantes un dominio imponente del lenguaje y el haber creado un mundo con personalidad, coherente con lo arriesgado de la propuesta. En el futuro me gustaría retomar al autor con una obra menos alienante. Él afirma que la mejor toma de contacto con su escritura es La ciudad y la ciudad (The city and the city), la investigación de un asesinato que se lleva a cabo entre dos mundos idénticos pero enfrentados. Según sus fans es La estación de la calle Perdido (Perdido Street Station), primera de una trilogía fantástica steampunk (cuyo segundo acto, The Scar, es su obra mejor valorada). Si tenéis opiniones o conocimiento de primera mano, no dudéis en compartirlo. Por mi parte, os recomiendo evitar La ciudad embajada a menos que os guste arriesgar y no tengáis otra cosa con lo que hacerlo.

¡Saludos!