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9 de noviembre de 2013

Libros: "La Ciudad Embajada", de China Miéville

La idea era salir del círculo de recomendaciones para probar algo nuevo: ciencia ficción bien valorada y, requisito imprescindible, recién escrita. ¿Qué se cuece en la ficción actual? Esa es la pregunta a la que quería responder. En Casa del Libro habían montado varios expositores dedicados a literatura de género; entre ellos había una novela de portada sobria llamada La ciudad embajada (Embassytown), de China Miéville, ganadora del premio Locus 2012 a mejor novela de ciencia ficción. Os dejo con la sinopsis, sacada de la página oficial: 

"En un futuro lejano, los humanos han colonizado un planeta remoto, Arieka, habitado por los enigmáticos ariekei, seres sensibles e inteligentes conocidos por hablar una lengua totalmente insólita en el universo. Los únicos humanos que han dominado esta lengua son un cuadro limitado de embajadores. La protagonista, Avice, una colona humana, no habla el idioma de los ariekei, pero forma una parte indeleble de esta lengua.

La llegada de un nuevo embajador a Arieka trastornará profundamente el frágil equilibrio en el que conviven humanos y extraterrestres. Avice se verá obligada a cuestionar ciertas lealtades: hacia un marido al que ya no ama, un sistema del que ya no se fía y un idioma que ella no habla pero que se expresa a través de ella. Al avecinarse un cataclismo de proporciones incalculables, intentará hacer lo imposible: comunicarse directamente con los alienígenas."

Miéville es un autor británico que lleva una década cosechando buenas críticas y obteniendo los más prestigiosos galardones en el campo de la fantasía. Palo que toca, palo que acierta. Las referencias sobre el autor y la novela eran excelentes y las opiniones de los lectores en Goodreads iban a la zaga; como el tema me atraía lo suficiente, me puse manos a la obra. Pese a un estilo elaborado, la incapacidad de atraparme más allá de lo técnico ha convertido la lectura en un tedio. Para mí, La ciudad embajada tiene dos grandes problemas: la validez de la propuesta y Avice, la protagonista de la novela. 

Hay quien opina que es irrelevante sobre qué verse una obra de ciencia ficción pues al final todas hablan de la humanidad y reflejan aspectos de nuestra sociedad. No es el caso de La ciudad embajada, desde luego. Uno de sus grandes temas es cómo el lenguaje modifica el pensamiento; por lo tanto, el lenguaje y sus tropos son un aspecto esencial de la obra: en la trama se genera un conflicto directamente relacionado con lenguaje cuyo tratamiento alcanza la categoría de tesis doctoral y que aquí funciona como premisa. Lo aceptas y entras en la historia o no lo haces. Tengo a Miéville (y a cualquiera con sentido común) por una persona inteligente que, antes de adentrarse en aspectos teóricos, sin duda habrá llevado a cabo una exhaustiva investigación para no patinar. No obstante, el propio autor ha declarado en entrevistas que, al tratarse de ficción y ciencia ficción, puede lanzar preguntas sin preocuparse de aportar respuestas o ser necesariamente consistente con el mundo real. Para mostrar mi desacuerdo, expongo que esto no es un thriller donde el escritor se salte a la torera algún paso crucial de la policía científica (o mezcle labores departamentales sin darle importancia, como ocurre todo el tiempo en televisión) porque al fin y al cabo busca entretener o contar cómo su protagonista cae en el abismo. En esta novela el lenguaje, su comprensión y análisis son DETERMINANTES y, por lo tanto, su tratamiento no debe ser tomado a la ligera.

Algunos lectores considerarían un atenuante el tener a una protagonista que quitara el aliento. Tampoco es el caso. Hay advertencias en foros sobre cuánto cuesta superar el tercio de libro; una vez conseguido, dicen, la recompensa es inconmensurable. Bien, ese primer tercio que narra la infancia de Avice Benner Cho es mi parte favorita de la historia. Miéville nos introduce en los entresijos de la Ciudad Embajada de modo imaginativo, ya que el punto de vista es el de una muchacha de unos 10 años y está escrito en primera persona (con la dificultad que esto conlleva). La pequeña Avice es valiente y audaz, cualidades que acaban por involucrarla con los Anfitriones de una forma que tardará mucho en comprender. Cuando abandona su ciudad natal y, ya adulta, regresa con una mejora en su status quo (profesional cualificada, visitante de mil mundos), nos encontramos con un personaje que desde mi punto de vista es indescifrable e incomprensible.

Hay muchas teorías al respecto, pero podríamos generalizar diciendo que la primera persona suele ser una puerta al mundo interior del narrador. Avice Benner Cho se parece más a una observadora supuestamente objetiva que un poco por casualidad se encuentra donde ocurre la acción. Ella misma se muestra sorprendida de que el Consejo de la ciudad no solo le permita estar ahí sino que además valore toda sugerencia que pueda aportar. Otros personajes de peso también la toleran y consultan asuntos de relevancia con ella. Avice resulta ser una pieza clave en todo lo acontecido en la novela pero... no sabemos por qué. Algo similar ocurre con algunas de sus decisiones: "no comprendo cómo acabé ahí pero el caso es que ahí estaba" (no es una citación literal... pero casi). Tanta gratuidad se convierte en repetitiva y frustrante; el guión avanza a golpe de coincidencias. Además, Avice es un personaje despreocupado sin interés en lo que ocurre a su alrededor; no obstante, por alguna razón (imprecisa, como siempre) acaba siendo uno de los ejes en el mayor evento sociopolítico ocurrido en la historia de su planeta. No es que le pasen muchas cosas, es que las cosas pasan donde está ella. Cuando al final decide entrar en acción, traza un plan para el que sabemos que no está cualificada para planear ni llevar a cabo (dado el caso, habría correspondido claramente a otro personaje).

En conclusión, La ciudad embajada me ha parecido densa y profundamente aburrida. Su moderada extensión (no alcanza las 450 páginas) se me hizo interminable: a la mitad ya había perdido el interés por lo que quisiera contar. Lo atribuyo a que el tema, pese a que por su rareza fuera lo que me atrajo en un principio, domine de forma tan rotunda al resto de elementos y la balanza se desequilibre. Es una de esas novelas que odio encontrarme porque hacen que deje de leer, que invierta dos meses en algo que ocupa, a mi lento ritmo diario, unas tres semanas.
Las portadas UK de Macmillan son una gozada
No obstante, debo reconocerle a Miéville varios puntos de interés, siendo los más relevantes un dominio imponente del lenguaje y el haber creado un mundo con personalidad, coherente con lo arriesgado de la propuesta. En el futuro me gustaría retomar al autor con una obra menos alienante. Él afirma que la mejor toma de contacto con su escritura es La ciudad y la ciudad (The city and the city), la investigación de un asesinato que se lleva a cabo entre dos mundos idénticos pero enfrentados. Según sus fans es La estación de la calle Perdido (Perdido Street Station), primera de una trilogía fantástica steampunk (cuyo segundo acto, The Scar, es su obra mejor valorada). Si tenéis opiniones o conocimiento de primera mano, no dudéis en compartirlo. Por mi parte, os recomiendo evitar La ciudad embajada a menos que os guste arriesgar y no tengáis otra cosa con lo que hacerlo.

¡Saludos!

26 de julio de 2011

Libros: "Contra el viento del norte" / "Cada siete olas"

por Cosette 

“Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente”.

Empecé a leer Contra el viento del norte por pura casualidad: estaba/estoy enfrascada en A Dance with Dragons y, al notar que me estaba saturando (suele costarme mucho “entrar” en los libros de G.R.R. Martin), decidí tomarme un par de días de descanso y probar algo totalmente diferente. Y he aquí cómo topé con Contra el viento del norte y su secuela, Cada siete olas, ambas del escritor austríaco Daniel Glattauer.

Seguramente muchos de vosotros (si no todos) tenéis contacto con personas a través de internet. Y probablemente de algunas de estas personas no conozcáis ni su nombre auténtico, ni su edad, ni su aspecto físico… Son todas ellas relaciones basadas en la virtualidad y en el vínculo creado a través del teclado y la pantalla de ordenador, relaciones en las que podemos reinventarnos y, literalmente, reescribirnos, mostrar la parte de nosotros que más nos plazca y ocultar todo lo demás. Pero ¿qué pasa cuando una de esas personas semi-anónimas se convierte en algo más que un correo o un mensaje en un foro? ¿Cuando una relación virtual llega a ser más intensa y tangible que cualquier relación de nuestra “vida real”? 

Contra el viento del norte indaga en esas cuestiones bajo el formato epistolar de la era cibernética, el intercambio de e-mails. Leo Leike, psicólogo del lenguaje, recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi Rothner, una “felizmente casada” (en palabras de la propia Emmi) diseñadora de páginas web. Como es educado, Leo le contesta. Y como él le atrae, ella le escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en que la pura formalidad entre dos desconocidos va dando paso a una camaradería repleta de humor, ingenio y curiosidad por el otro. Pero la cosa no queda ahí: a medida que se van intercambiando mails la confianza y la dependencia entre Leo y Emmi irá en aumento, así como también el afecto que sienten el uno por el otro y el miedo a enamorarse, a verse en persona, a decepcionarse. 

     Al día siguiente 
     Asunto: Primera respuesta
     Querido Leo:
     ¿Sabes qué es lo que realmente detesto de ti? Tus expresiones referentes a mi marido. «Pese a la dicha del amor conyugal con Bernhard»: ¿a qué viene esachorrada? «Dicha del amor conyugal» suena —deliberadamente— a «cumplimiento de los deberes conyugales de cohabitación matrimonial». O: «Práctica periódica de relaciones sexuales, aprobada por un empleado del registro civil, con el correspondiente intercambio de fluidos corporales». Te burlas de mi matrimonio, querido Leo. Y soy muy susceptible al respecto. ¡Déjalo ya!
  
     45 minutos después
     Fw:
     Emmi:
     Hablas de sexo continuamente. Ya es patológico.
  
     Una hora después
     Re:
   Aún no he empezado a hablar de sexo, amigo mío. Ayer hiciste algunas importantes jugadas al respecto. Por ejemplo, lo de las «fantasías eróticas». Necesitaste dos negaciones para decirme que no es que no las hayas tenido nunca al pensar en mí. ¡Ése es el estilo de Leo! Otro habría dicho: «A veces pienso en ti de unmodo erótico, Emmi». Leo Leike dice: «No es que nunca piense en ti de un modo erótico, Emmi». ¿Y después te sorprendes de que yo no deje el tema? No es que lo mío sea patológico, es que tu conducta erótica verbal es muy peculiar, querido Leo. Resumiendo, no me creo tus elevadas reflexiones pastorales sobre el sexo. Pues ¿qué hace el bueno de Leo con sus fantasías eróticas doblemente negadas? Cita: «Procuro mantenerte al margen de ellas, no tengo derecho a exigirte tanto»... ¿Que no quieres exigirme tanto? Me pregunto qué clase de fantasías serán esas que tanta exigencia implican. Dímelo con confianza. 

Daniel Glattauer
Muchos calificarían este libro como una historia de amor y, en muchos aspectos, así es. Sin embargo, creo que el mayor logro de la novela estriba en la habilidad de Glattauer para construir a dos personajes de los que apenas sabemos nada y transmitir a través de sus mensajes de correo electrónico la complejidad de sus vidas y sentimientos, sus inseguridades, ilusiones y miedos. El libro, con un dinamismo que raya el frenesí, engancha desde la primera página; la propia curiosidad del lector por saber qué consecuencias tendrá la relación, la sencillez del lenguaje y la inalterable estructura epistolar (sin narrador ni descripciones) hacen que Contra el viento del norte sea una lectura ágil, fresca y muy ligera (que no carente de profundidad). Las charlas virtuales entre Leo y Emmi están realmente logradas, en gran parte por las particularidades del carácter de los dos protagonistas: la mordacidad e ironía de Emmi es el contrapunto perfecto para el talante más tranquilo y romántico de Leo, solo capaz de desinhibirse y soltar la lengua en estado de embriaguez.

“Eres muy severa, Emmi. No seas tan severa. No quiero café. Quiero a Emmi. Ven a casa. Bebamos otra copita de vino. Podemos tener los ojos vendados, como en la película. No recuerdo cómo se llamaba la película, tendría que pensar. Me encantaría besarte. Me da igual qué aspecto tengas. Me he enamorado de tus palabras. Puedes escribir lo que te apetezca. Puedes ser severa si quieres. Me gusta todo. Es que tú no eres nada severa. Te obligas a serlo, sólo quieres parecer más fuerte de lo que eres.” 

Es cierto que la novela no es una obra maestra de la literatura y que, en algunos momentos (los menos, eso sí), resulta un tanto ñoña y facilona. Pero no por eso deja de ser un libro interesante y original con una historia de amor cibernética de lo más amena (y probablemente más común en la vida real de lo que creemos). Además, otro de sus grandes aciertos (y aquí supongo que disentiré de la opinión de muchos lectores) es su final: honesto, realista y perfecto. 

Desgraciadamente (o no), el éxito de crítica y público llevó a Glattauer a escribir una segunda parte, Cada siete olas. En mi opinión, esta secuela no deja de ser una predecible (y prescindible) continuación destinada a satisfacer a aquellos lectores frustrados con el final de Contra el viento del norte (el autor incluso ha afirmado que nunca llegó a plantearse una segunda parte, no hasta que Contra el viento del norte se convirtió en una de las revelaciones literarias del pasado verano). No os equivoquéis, no considero que Cada siete olas sea un mal libro: Emmi continúa igual de neurótica, irónica e insufrible, Leo sigue poniéndose tierno cuando bebe más de la cuenta y el particular tira y afloja entre ambos sigue teniendo chispa y gracia, pero sí es cierto que en algunos momentos la fórmula acaba resultando algo cansina. ¿Y qué decir del final? A mí particularmente no me ha gustado demasiado, por excesivamente empalagoso, pero supongo que habrá hecho las delicias de aquellos que ansiaban una resolución más convencional para Leo y Emmi. 

A pesar de sus defectos, creo que ambas lecturas (y muy especialmente Contra el viento del norte) son de lo más recomendables para pasar un par de tardes veraniegas realmente entretenidas, con una sonrisa en los labios (y alguna carcajada de tanto en tanto). Escribir una novela epistolar a base de e-mails es todo un reto, pero Glattauer cumple su cometido y nos regala una adictiva historia de amor contemporánea en la que más de uno podrá verse reflejado. Así que ya sabéis, si queréis saber qué es el viento del norte y cómo se lucha contra él, o qué es lo que pasa tras la séptima ola, solo tenéis que dejaros seducir por las palabras de esta peculiar pareja de enamorados virtuales. Es una tarea fácil, os lo garantizo.

5 de julio de 2011

Libros: "La Princesa de Hielo"

por Cosette 


Había leído comentarios muy positivos sobre la obra de Camilla Läckberg, bautizada por algunos como la reina de la novela negra europea, así que, como amante del género, decidí dar una oportunidad a La princesa de hielo (Maeva, 2007), la ópera prima de esta autora que inaugura su serie protagonizada por la escritora Erica Falck y el comisario Patrik. Lo cierto es que no tengo ni idea de los oscuros motivos que me impulsaron a acabar la novela (supongo que soy demasiado tozuda para estas cosas) porque, francamente, la lectura se me hizo tan insufrible y tediosa que tardé tres semanas en finalizar un libro que, en circunstancias “normales”, me habría ventilado en tres o cuatro días. Y es que La princesa de hielo me ha parecido una auténtica porquería, así, sin más.

Creo que me dejé embaucar porque la premisa era buena y el argumento no deja de ser intrigante; tras el fallecimiento de sus padres, la joven escritora Erica Falck vuelve a su pueblo natal, Fjällbacka, donde se verá envuelta en una truculenta historia cuyos protagonistas no son otros que sus compañeros de infancia. Pocos días después de llegar al pueblo, Alex, la que fuera mejor amiga de Erica durante su niñez, es hallada muerta en la bañera de su casa. En un principio todos los indicios apuntan a un suicidio, pero pronto se descubrirá que Alex fue asesinada y que, además, estaba embarazada de pocas semanas. Con la ayuda del comisario Patrik, que pronto se convertirá en algo más que un amigo, Erica se adentrará en un oscuro secreto del pasado celosamente guardado.

Para empezar, creo que uno de los grandes fallos de este libro es la mezcla de géneros. Empieza siendo una novela de misterio para acabar degenerando en un folletín rosa donde los protagonistas parecen más preocupados por qué ropa interior llevarán en su siguiente cita que por resolver el asesinato de Alex. Y no os equivoquéis, aunque no es un género que frecuente con asiduidad, no tengo nada en contra de la chick lit, pero creo que para narrar una buena historia de amor y un buen misterio es necesario poseer un dominio de la narrativa y del desarrollo de personajes mucho mayor del que la Sra. Läckberg hace gala (os remito a Dennis Lehane y su serie Kenzie/Gennaro, o a Tana French y su Dublin Murder Squad series, o incluso a la británica Mo Hayder y sus libros protagonizados por el detective Jack Caffery si queréis leer buenas novelas de crímenes con una pequeña (y perfecta) dosis de desarrollo romántico).

Camilla Läckberg
No sé si la culpa es de la autora, o de una pobre traducción, o de todo a la vez, pero La princesa de hielo es una obra deficiente en todos los aspectos: mal pensada, mal construida y mal escrita. A la escritora se le nota de una forma un tanto descarada su intención de intentar impresionar al lector. Alguien debería hablarle a Camilla de lo que es la sutileza: impresióname, sí, pero que no se note. Y es que toda pretensión se desmorona tras las 125 primeras páginas, cuando Erica y Patrik se confirman como unos personajes carentes de cualquier encanto que se desenvuelven como pez en el agua en una trama melosa y pueril más propia de novela rosa de baja estofa y donde la investigación importa entre poco y nada. Y es que si me pones a Erica colándose en escenas del crimen en plena noche, escondiéndose en armarios y jugando a hacer de investigadora, la cosa adquiere tintes surrealistas.

A este respecto, también tengo la impresión de que la Läckberg no tiene ni pajolera idea ni se ha preocupado mucho por documentarse sobre cómo funciona la policía y los procedimientos utilizados en investigación policial. No suelo ser una lectora muy exigente en lo que se refiere a este tipo de tecnicidades, pero sí necesito unos mínimos. Por poner tan sólo un ejemplo, nos encontramos con que el entregado Patrik (al parecer el único investigador competente de la comisaría de Fjällbacka) descuelga el cadáver de un ahorcado simplemente porque hiere su sensibilidad; imagino la bronca monumental que le caerá de la Científica (que asumo que en Suecia también existe) por manipular el escenario del crimen; pero la autora omite todo detalle, obviamente.

La verdad es que ya no es solo que los personajes sean una caricatura, ni que el argumento resulte folletinesco, ni que esté mal documentada; el verdadero problema es, sencillamente, que la novela está mal escrita. El estilo en general (salvo algunos fragmentos que, todo sea dicho, resultan decentes) y los diálogos son insoportables, y da la sensación de que el texto se ha visto alargado hasta la saciedad en un intento de… ¿qué? ¿De que la historia resulte más lírica y profunda? A Tana French se lo paso porque leerla resulta una delicia, pero esta señora no le llega ni a las suelas de los zapatos. Por poneros un ejemplo, la novela incluye topicazos como “mantuvieron un tenso silencio durante varios minutos antes de hablar”. ¿Varios minutos? ¿Alguien ha intentado estar sin hablar varios minutos? O este diálogo hilarante en que una compañera de Patrik indaga sobre la destreza sexual del policía: 

“—¿Estáis aún en la etapa del bingo?
—¿Qué es la etapa del bingo?
—Sí hombre, ya sabes, cinco seguidos…” 

¿En serio era necesario incluir detalles como que Patrik es capaz de meterla cinco veces sin parar (!) en su primera noche de amor con Erica? (dichosa ella, eso sí). Y quizá soy yo la que está poco puesta en jerga sexual, pero ¿alguien había escuchado alguna vez eso de la “etapa del bingo”? Por no hablar de auténticas perlas en el de desarrollo de personajes diseminadas aquí y allá, como los dilemas existenciales de ella (está en un sin vivir porque tiene las bragas sucias esparcidas por la habitación cuando tiene que venir su ligue a cenar) y las preocupaciones de él (que no se le escape un pedo en pleno acto sexual).

De todas formas, creo que el fragmento más surrealista (y patético) lo encontramos cuando Erica, al más puro estilo Bridget Jones,  se enfrenta al dilema de elegir la ropa interior que lucirá en su primera cita con Patrik: ¿tanga de encaje o bragota de la abuela? Os dejo con el fragmento ya que, si bien resulta un poco largo, recoge a la perfección el petardeo insoportable de la protagonista.

“El primer dilema se le presentó después de la ducha cuando, igual que su heroína favorita, Bridget Jones, se vio ante la elección de qué braguitas ponerse. ¿Debía elegir su precioso tanga de encaje, por si se presentaba la remota ocasión de que ella y Patrik acabasen en la cama? ¿O, por el contrario, sería más acertado ponerse esas bragas enormes y horrendas con sujeción para la tripa y el trasero, que incrementarían considerablemente las posibilidades de que Patrik y ella acabasen en la cama? Difícil elección. Sin embargo, teniendo en cuenta la envergadura de la tripa, resolvió por fin ponerse la variante más favorecedora. Y, sobre ellas, unas medias también con sujeción. En otras palabras, la artillería pesada. (…) Se colocó ante el espejo de perfil y metió la tripa. Y sí, con ayuda de la combinación braguitas-faja, medias-faja y respiración contenida, su aspecto resultaba bastante aceptable. Así, tuvo que admitir que los kilos extra no eran tan perjudiciales. Podría vivir sin los que habían ido a parar a la tripa, pero el que se había distribuido por los pechos hacía que una hendidura bastante homogénea se dejase ver por el escote del vestido. Cierto que con la ayuda de un sujetador con relleno, pero esos remedios debían de ser de uso generalizado hoy en día.” 

¿…?

Lo que me asombra verdaderamente es que este libro esté considerado un imprescindible de la novela negra de los últimos años y vaya ya por su... 30ª? edición. Ya les vale. Y me pregunto yo, ¿quién encumbra a escritoras tan mediocres como Camilla Läckberg? Sinceramente, no tengo ni la menor idea y creo que prefiero no saberlo. No me gusta ser tan destructiva en una crítica (al fin y al cabo, escribir un libro conlleva un esfuerzo y tiene su mérito), pero en este caso el resultado deja tanto que desear que considero todos mis ataques justamente merecidos. La princesa de hielo es una novela predecible, prescindible y poco memorable; mal hilada, forzada y muy poco consistente. No entiendo a qué ha venido tanto bombo con esta escritora y con esta novela en concreto. Quizá el nivel general de la Läckberg mejora en sus posteriores obras (tengo entendido que las serie de Patrik y Erica consta de, por lo menos, cinco libros), pero personalmente no pienso molestarme en leer ni uno más. Quizá como escritora de chick lit podría tener un futuro, pero como autora de suspense esta señora da verdadera vergüenza ajena.

4 de febrero de 2011

Libros: "El Silencio del Bosque" ("In The Woods")

En “The Strike Blog” siempre he echado en falta hablar de comics y libros. A lo primero espero ponerle remedio en breve (esta vez, de verdad), y a lo segundo se lo pongo ahora mismo inaugurando sección con la primera crítica literaria del blog, El Silencio del Bosque

Sin embargo, doy un paso atrás para ceder el protagonismo: siempre buscando ofrecer lo mejor a mis amados seis lectores, he decidido dejar no solo esta reseña sino la gestión general de la sección de libros en las expertas manos de Cosette, ávida lectora y, sin duda, la persona adecuada para encargarse de ella. Analítica pero pasional, directa, ecléctica y, a veces ―cuando más me gusta―, controvertida; a partir de ahora la leeréis a menudo y podréis beneficiaros de sus recomendaciones (o sus críticas). Ah, no ha habido enchufe, que conste; sin la calidad que la respalda le daba puerta como a cualquier otro… ;p

¡Bienvenida, Cos, y al toro!

El Silencio del Bosque
por Cosette

El Silencio del Bosque (In the Woods. RBA, 2010) es la primera y ampliamente galardonada novela de Tana French. Esta autora, norteamericana de nacimiento pero irlandesa de adopción, dejó pasmados a crítica y público con su debut literario en 2007 y, actualmente, con solo tres (excelentes) novelas en el mercado, está considerada como una de las escritoras de género negro más prometedoras. French posee un talento especial para conjurar una imaginería poderosamente bella y evocadora, y construir personajes dotados de una gracia y encanto poco habituales. Me atrevería a afirmar que El Silencio del Bosque forma parte del selecto grupo de obras que ejercen un permanente enganche en el lector y perviven en nuestra memoria largo tiempo después de pasar la última página. Y es que este atípico thriller, un ejercicio literario preciosista en la forma y valiente en el fondo, es uno de los mejores libros que he leído recientemente.

La acción de la novela se sitúa en Irlanda en el año 2004, pero nos remite a los acontecimientos acaecidos una tarde de agosto de 1984, cuando tres niños de 12 años se adentran en el bosque de Knocknaree, en las afueras de Dublín, y desaparecen misteriosamente sin dejar rastro. Esa misma noche la policía encuentra a uno de ellos, Adam Robert Ryan, abrazado a un roble, recubierto de sangre y en estado catatónico. Veinte años después, Adam Ryan, quien ahora se hace llamar por su segundo nombre, Rob, es detective de Homicidios y sigue guardando con celo aquella tragedia de infancia: aunque es incapaz de recordar nada de lo acontecido aquel día, lleva una vida aparentemente normal y feliz. Todo cambiará cuando una mañana de finales de verano aparezca el cuerpo de una niña asesinada en el mismo bosque. Ryan y la detective Cassie Maddox su compañera, mejor amiga y una de las pocas personas que conoce su verdadera identidad, serán los encargados de resolver un caso que se convertirá en un veneno silencioso y letal, una pesadilla que amenazará con destruirlos a ambos.

Se me antoja que calificar El Silencio del Bosque de novela policiaca al uso es prácticamente un insulto ya que, a pesar de que podamos enmarcar esta obra en dicho género, la ópera prima de French explora magistralmente territorios que van más allá de los típicos clichés de la novela negra. La subyugante prosa de esta autora ­(si tenéis soltura con el idioma os recomiendo encarecidamente leer la novela en su inglés original, es una delicia) nos adentra en un misterio tenebroso, seductor y fascinante; y no por la naturaleza del caso en sí ―aquí no hay asesinos en serie de primer orden, ni el típico tipo normalito e introvertido que guarda órganos humanos en su Tupperware; por no haber, ni siquiera hay la ineludible persecución con tiroteo incluido―. El caso al que se enfrentan Rob y Cassie no tiene nada en particular: se trata de una pobre niña asesinada y abandonada en las entrañas de un bosque. Sin embargo, la inquietante posibilidad de que este homicidio esté relacionado con los sucesos de hace 20 años hará tambalear de forma lenta pero inexorable la cordura de Rob y pondrá a prueba la inquebrantable amistad con su compañera. Y es que el bosque que figura en el título no solo se refiere a la escena de ambos crímenes, sino a los recovecos de nuestra memoria, a nuestros miedos e inseguridades, a esa maraña de sentimientos oscuros y contradictorios que tejen un follaje tan denso e impenetrable que no nos permiten ver el cielo azul ni encontrar el camino de regreso a casa.

Si bien no voy a negar que la parte estrictamente procedimental de la novela puede resultar cuestionable en algunos aspectos, una de las grandes bazas de esta obra son las excelentes caracterizaciones y el innegable carisma de sus personajes ―especialmente de la joven pareja protagonista, los detectives Ryan y Maddox―. La novela está narrada en primera persona por Ryan, quien nos abre las puertas a su historia, sus percepciones y sentimientos.

Te lo advierto, recuerda siempre que soy detective. Nuestra relación con la verdad, aunque primordial, es fragmentada, confusa y refracta la luz como trozos de cristal […] Anhelo la verdad. Y miento.

Con estas palabras Rob se presenta al lector, y a este le corresponde decidir si alguien que corteja la verdad como a una amante pero que no tiene escrúpulos en traicionarla para poseerla en cuerpo y alma es digno de nuestra confianza. Rob difícilmente encaja con el estereotipo de detective que ha forjado nuestro imaginario colectivo; inteligente e introspectivo, cínico y romántico a partes iguales, divertido a ratos e increíblemente frustrante a otros, es un personaje ambiguo e imperfecto ―pero con el que no puedes evitar simpatizar al contemplar como su vida se desintegra poco a poco―. Cassie es su partenaire inseparable, su alma gemela y mejor amiga y, probablemente, el personaje con más chispa y gracia del libro. Rebelde y algo gamberra, valiente, leal y deslumbrante ―y con una historia personal que nos irá ofreciendo múltiples sorpresas a lo largo del relato―, es un soplo de aire fresco en la vida de Rob y en la atmósfera perturbadora y sofocante de la novela (y no, por si os lo preguntabais, Cassie no se parece en nada a Lisbeth Salander).

Tana French, autora de El Silencio del Bosque (In The Woods)
Si bien Ryan y Maddox resultan fascinantes por separado, es en cada una de sus innumerables interacciones ―en sus bromas y diálogos chispeantes, en sus charlas nocturnas e interminables amodorrados en el sofá del apartamento de Cassie, en la belleza esplendorosa y cruel de sus interrogatorios a dos―, en los que brillan con una química vertiginosa y arrolladora. Ni qué decir tiene que esta amistad perfecta y sólida como un muro de piedra no está exenta de aristas y grietas invisibles, y que nos veremos obligados a plantearnos una y otra vez la eterna cuestión de si una mujer y un hombre heterosexuales pueden ser solamente amigos. Sea cual sea la respuesta (y la hay), lo cierto es que algunos de los fragmentos más hermosos y emotivos de la novela son aquellos en los que Rob describe su especial relación con Cassie; he aquí uno de mis favoritos:

Las chicas con las que sueño son las tiernas y nostálgicas, las que cantan dulces canciones al piano o junto a grandes ventanales, de pelo largo y ondulante y delicadas como flores de manzano. Pero una chica que entra en la batalla a tu lado y te guarda las espaldas es otra cosa, es algo que te hace estremecer. Uno puede acordarse de la primera vez que se acostó con alguien o de la primera vez que se enamoró: esa explosión cegadora que te electrifica hasta las yemas de los dedos y te transforma como una iniciación. Juro que eso no es nada, nada de nada, comparado con el hecho de poner tu vida, sencilla y diariamente, en las manos del otro.

A estas alturas, creo que cualquier otra cosa que pueda añadir sobre El Silencio del Bosque palidece ante la gracia y destreza con la que Tana French teje el universo de Rob y de Cassie. Sin embargo, no os dejéis engañar por mi entusiasmo: esta novela dista mucho de ser una obra perfecta. Me atrevería a argumentar que es una lectura para paladares sofisticados ―y con ello no quiero dármelas de snob o elitista, pero si estás buscando un thriller al uso, ligerito y con un final para todos los públicos, mejor olvídate de este libro―. 

No os voy a mentir: esta es una novela difícil y deliberadamente decepcionante; frustrante y cruel tanto en el fondo como en la forma. Iría tan lejos como para afirmar que es insatisfactoria y anticlimática en la resolución de todos y cada uno de los frentes que aborda. Sin embargo, es quizás esta cualidad la que le confiere una belleza imposiblemente conmovedora. Épica, incluso. Me atrevería a afirmar que esta historia es una alegoría de la complejidad y el enigma que envuelven a las relaciones humanas, una exploración poética de la amistad y el amor, de la verdad y la mentira, de la semilla del miedo que impide a las personas llevar una vida plena. ¿Qué decir? Adoro este libro, pero no me atrevo a revelar más. Lo mejor es que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

pd: a modo de curiosidad, JM ha utilizado hace poco In The Woods como base para un trabajo de adaptación cinematográfica. Tal vez tengáis curiosidad por ver a quién ha elegido para interpretar a Rob y a Cassie… ;)

28 de diciembre de 2010

Libros: "A Dance with Dragons"



¡George RR Martin ha acabado A Dance with Dragons! Han pasado cinco años desde que publicara A Feast for Crows, el cuarto volumen de la saga. ¿Por qué tanto tiempo? La explicación es sencilla: el texto final tiene la friolera de 2454 páginas. Tras las dificultades experimentadas con la encuadernación de A Storm of Swords, los editores han decidido que, por el momento, solo saldrá a la venta en formato de libro electrónico. Algunos aficionados no están nada contentos con la decisión ―se desconoce la postura del autor al respecto―, pero la espera ha sido tan tediosa que lo consideran un mal menor.

Martin aprovechó su paso por el Cardigan Winter Food Festival para hacer público otro nuevo bombazo: la saga amplia su número de volúmenes de los siete actuales a doce. El mundo de la literatura está de enhorabuena, sin duda, pues tendremos fantasía de primer nivel durante muchísimos años más. "Es difícil predecir cuándo daré por concluido "Eternal Agony" (título provisional del cierre de la saga), pero me tomaré tanto tiempo como sea necesario para asegurar que colme vuestras expectativas", aseguró el autor a su horda de seguidores.

No contento con la doble exclusiva, reveló noticias de última hora concernientes a la adaptación a la pequeña pantalla que de su obra está llevando a cabo HBO. Por lo visto, dos nuevos nombres se han incorporado al casting, Tom Cruise y Robert Pattinson. Martin dio la verdadera sorpresa cuando confirmó que relevarían en sus funciones a Sean Bean y Nikolaj Coster-Waldau, respectivamente. El autor fue contundente en sus declaraciones: "Seamos honestos, Sean está un poco viejuno para ser Lord Eddard. Y Nikolaj… es un buen muchacho, eso no lo voy a negar. ¡Pero nunca dije que Jaime fuese Cyrano, demonios!". Para convencer a los presentes de que los últimos fichajes "harían un gran trabajo", mostró en primicia los nuevos carteles promocionales. 


La reacción del público ―la madre del escritor fue nombrada en repetidas ocasionesle recordó las bondades del anonimato en su época como guionista de televisión. Por eso, cuando se le preguntó por la veracidad de los rumores acerca de una maniobra similar entre Peter Dinklage y Verne Troyer, Martin fue más comedido con sus palabras. Se limitó a musitar un escueto "sin comentarios" y abandonó discretamente la sala.

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