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9 de noviembre de 2013

Libros: "La Ciudad Embajada", de China Miéville

La idea era salir del círculo de recomendaciones para probar algo nuevo: ciencia ficción bien valorada y, requisito imprescindible, recién escrita. ¿Qué se cuece en la ficción actual? Esa es la pregunta a la que quería responder. En Casa del Libro habían montado varios expositores dedicados a literatura de género; entre ellos había una novela de portada sobria llamada La ciudad embajada (Embassytown), de China Miéville, ganadora del premio Locus 2012 a mejor novela de ciencia ficción. Os dejo con la sinopsis, sacada de la página oficial: 

"En un futuro lejano, los humanos han colonizado un planeta remoto, Arieka, habitado por los enigmáticos ariekei, seres sensibles e inteligentes conocidos por hablar una lengua totalmente insólita en el universo. Los únicos humanos que han dominado esta lengua son un cuadro limitado de embajadores. La protagonista, Avice, una colona humana, no habla el idioma de los ariekei, pero forma una parte indeleble de esta lengua.

La llegada de un nuevo embajador a Arieka trastornará profundamente el frágil equilibrio en el que conviven humanos y extraterrestres. Avice se verá obligada a cuestionar ciertas lealtades: hacia un marido al que ya no ama, un sistema del que ya no se fía y un idioma que ella no habla pero que se expresa a través de ella. Al avecinarse un cataclismo de proporciones incalculables, intentará hacer lo imposible: comunicarse directamente con los alienígenas."

Miéville es un autor británico que lleva una década cosechando buenas críticas y obteniendo los más prestigiosos galardones en el campo de la fantasía. Palo que toca, palo que acierta. Las referencias sobre el autor y la novela eran excelentes y las opiniones de los lectores en Goodreads iban a la zaga; como el tema me atraía lo suficiente, me puse manos a la obra. Pese a un estilo elaborado, la incapacidad de atraparme más allá de lo técnico ha convertido la lectura en un tedio. Para mí, La ciudad embajada tiene dos grandes problemas: la validez de la propuesta y Avice, la protagonista de la novela. 

Hay quien opina que es irrelevante sobre qué verse una obra de ciencia ficción pues al final todas hablan de la humanidad y reflejan aspectos de nuestra sociedad. No es el caso de La ciudad embajada, desde luego. Uno de sus grandes temas es cómo el lenguaje modifica el pensamiento; por lo tanto, el lenguaje y sus tropos son un aspecto esencial de la obra: en la trama se genera un conflicto directamente relacionado con lenguaje cuyo tratamiento alcanza la categoría de tesis doctoral y que aquí funciona como premisa. Lo aceptas y entras en la historia o no lo haces. Tengo a Miéville (y a cualquiera con sentido común) por una persona inteligente que, antes de adentrarse en aspectos teóricos, sin duda habrá llevado a cabo una exhaustiva investigación para no patinar. No obstante, el propio autor ha declarado en entrevistas que, al tratarse de ficción y ciencia ficción, puede lanzar preguntas sin preocuparse de aportar respuestas o ser necesariamente consistente con el mundo real. Para mostrar mi desacuerdo, expongo que esto no es un thriller donde el escritor se salte a la torera algún paso crucial de la policía científica (o mezcle labores departamentales sin darle importancia, como ocurre todo el tiempo en televisión) porque al fin y al cabo busca entretener o contar cómo su protagonista cae en el abismo. En esta novela el lenguaje, su comprensión y análisis son DETERMINANTES y, por lo tanto, su tratamiento no debe ser tomado a la ligera.

Algunos lectores considerarían un atenuante el tener a una protagonista que quitara el aliento. Tampoco es el caso. Hay advertencias en foros sobre cuánto cuesta superar el tercio de libro; una vez conseguido, dicen, la recompensa es inconmensurable. Bien, ese primer tercio que narra la infancia de Avice Benner Cho es mi parte favorita de la historia. Miéville nos introduce en los entresijos de la Ciudad Embajada de modo imaginativo, ya que el punto de vista es el de una muchacha de unos 10 años y está escrito en primera persona (con la dificultad que esto conlleva). La pequeña Avice es valiente y audaz, cualidades que acaban por involucrarla con los Anfitriones de una forma que tardará mucho en comprender. Cuando abandona su ciudad natal y, ya adulta, regresa con una mejora en su status quo (profesional cualificada, visitante de mil mundos), nos encontramos con un personaje que desde mi punto de vista es indescifrable e incomprensible.

Hay muchas teorías al respecto, pero podríamos generalizar diciendo que la primera persona suele ser una puerta al mundo interior del narrador. Avice Benner Cho se parece más a una observadora supuestamente objetiva que un poco por casualidad se encuentra donde ocurre la acción. Ella misma se muestra sorprendida de que el Consejo de la ciudad no solo le permita estar ahí sino que además valore toda sugerencia que pueda aportar. Otros personajes de peso también la toleran y consultan asuntos de relevancia con ella. Avice resulta ser una pieza clave en todo lo acontecido en la novela pero... no sabemos por qué. Algo similar ocurre con algunas de sus decisiones: "no comprendo cómo acabé ahí pero el caso es que ahí estaba" (no es una citación literal... pero casi). Tanta gratuidad se convierte en repetitiva y frustrante; el guión avanza a golpe de coincidencias. Además, Avice es un personaje despreocupado sin interés en lo que ocurre a su alrededor; no obstante, por alguna razón (imprecisa, como siempre) acaba siendo uno de los ejes en el mayor evento sociopolítico ocurrido en la historia de su planeta. No es que le pasen muchas cosas, es que las cosas pasan donde está ella. Cuando al final decide entrar en acción, traza un plan para el que sabemos que no está cualificada para planear ni llevar a cabo (dado el caso, habría correspondido claramente a otro personaje).

En conclusión, La ciudad embajada me ha parecido densa y profundamente aburrida. Su moderada extensión (no alcanza las 450 páginas) se me hizo interminable: a la mitad ya había perdido el interés por lo que quisiera contar. Lo atribuyo a que el tema, pese a que por su rareza fuera lo que me atrajo en un principio, domine de forma tan rotunda al resto de elementos y la balanza se desequilibre. Es una de esas novelas que odio encontrarme porque hacen que deje de leer, que invierta dos meses en algo que ocupa, a mi lento ritmo diario, unas tres semanas.
Las portadas UK de Macmillan son una gozada
No obstante, debo reconocerle a Miéville varios puntos de interés, siendo los más relevantes un dominio imponente del lenguaje y el haber creado un mundo con personalidad, coherente con lo arriesgado de la propuesta. En el futuro me gustaría retomar al autor con una obra menos alienante. Él afirma que la mejor toma de contacto con su escritura es La ciudad y la ciudad (The city and the city), la investigación de un asesinato que se lleva a cabo entre dos mundos idénticos pero enfrentados. Según sus fans es La estación de la calle Perdido (Perdido Street Station), primera de una trilogía fantástica steampunk (cuyo segundo acto, The Scar, es su obra mejor valorada). Si tenéis opiniones o conocimiento de primera mano, no dudéis en compartirlo. Por mi parte, os recomiendo evitar La ciudad embajada a menos que os guste arriesgar y no tengáis otra cosa con lo que hacerlo.

¡Saludos!