13 de agosto de 2013

Cine: "Pacific Rim"


Que a Guillermo Del Toro le pirran los monstruos es algo que ya se sabía. Los metió en Blade 2, que era de encargo; luego se regaló con las dos partes de Hellboy e incluso logró que la crítica internacional se deshiciera en elogios hacia El laberinto del fauno (tipo listo, lo disfrazó de realismo mágico). Sin embargo, en Pacific Rim no hay trampa ni cartón: robots gigantes contra monstruos gigantes. In your face!

Me parece increíble que el director mejicano haya colado esto en el mercado mainstream. Hasta donde sé la cinta se ha dado un batacazo en la taquilla americana.... y no me extraña. Ojo, no lo digo por su calidad sino porque ya de entrada no me entra en la cabeza que alguien que no sea un niño o un niño grande (a.k.a. un friki) se lance sin coacción a ver una de robots y monstruos. Dicho lo cual, mis queridos nueve lectores, Pacific Rim se sale.


La película da lo que promete y bastante más. Lo prometido es excelencia técnica, el hacernos creer que dos pilotos se sincronizan mentalmente en la cabina de un Jaeger (robot) y se enzarzan a puñetazo limpio con los Kaiju, colosos salidos de una grieta interdimensional en el oceáno. Los Jaeger tienen personalidad propia y un nivel de detalle espectacular; sus movimientos lentos pero contundentes son hipotéticamente creíbles para titanes metálicos de miles de toneladas. Los kaiju fascinan: mezcla de dinosaurio y criatura marina, lucen detalles luminiscentes en piel y entrañas que los hacen destacar en las contiendas nocturnas en medio del mar. La influencia del manganime en general y Godzilla, Mazinger y Neon Genesis Evangelion en particular es palpable en cada plano (aunque Del Toro niegue este último :p).

El plus lo ponen un universo coherente con el nivel bizarro de la propuesta y el casting de ensueño alineado por Del Toro, con Charlie Hunnam, Rinko Kikuchi e Idris Elba a la cabeza. En un futuro no muy lejano, la población sigue los frecuentes ataques de los kaiju como si de un espectáculo se tratara y los pilotos tienen status de estrellas del rock o astros del balón (también hay detalles que enriquecen este universo pero prefiero no desvelarlos aquí). En el contexto de la historia, los protagonistas son personas que han sufrido y buscan justicia, venganza o simplemente hacer lo correcto. Nos importan lo suficiente como para que las peleas tengan un componente emocional y sean más que una sucesión de tortazos sin sentido. Parten de estereotipos pero, teniendo en cuenta los parámetros del género, están bien desarrollados (por si alguien aún tenía dudas, Pacific Rim no es arte y ensayo).


En el aspecto negativo hay poco que decir. Las peleas son largas pero están claramente diferenciadas y se siguen con interés, con acceso frecuente a planos de cabina donde vemos cómo los impactos tienen consecuencias físicas y psicológicas en los pilotos. Los secundarios cómicos, bien sean científicos locos, rusos con pintas de cartoon o Ron Perlman y Santiago Segura haciendo de "amiguetes", forman parte del particular sentido del humor del director. Quizá la mayor pega sea que el clímax de la acción se alcanza justo antes del final: la batalla de Hong Kong es la repanocha, el apogeo de la epicidad (incluso en una sala tan seriota como los cines Renoir hubo un amago de aplauso al acabar la secuencia). El final cumple, pero la boca se nos queda un poco menos abierta.

Probablemente Pacific Rim es la película más genuinamente friki que he visto en un lugar distinto al Festival de Sitges, donde pienso que debió haberse estrenado para optimizar el boca a boca. Por todo lo dicho, es fácil entender a quién va dirigida. Unos habréis huido despavoridos al acabar el primer párrafo; otros estaréis abriendo ahora mismo una ventana nueva en el navegador para comprar vuestra entrada. A los segundos, disfrutadla a gusto ;)

¡Saludos!

"¡Mira, Jacob, yo también sé!".
Reflexiones de bar: 

1) Para el visionado de esta película (y esta crítica), desactivé todas las alarmas de "esto no tiene sentido" porque hacerlo... no tenía sentido ñ_ñU

2) El tema principal es algo machacón y estándar para un mundo orientalizado. Junto al casting, es lo más "normal" de la película.

3) Es demasiado fácil hacer una lectura patriotera y racial de la película, pero doy por sentado que el mensaje no pretendía existir ni siquiera entre líneas. Aunque Del Toro no es tonto: igual existe... y se está cachondeando de ello.

4) Gipsy Danger, Cherno Alpha, Leatherback, Knifehead... ¡fantásticos nombres! (y con un ojo puesto en el marketing, claro).

5) Fan service... de la mano (y los pectorales) de Charlie Hunnam. Las novias y madres del target mayoritario lo agradecerán :p

6) Idris Elba es el epítome de lo molón y "Today we are canceling the Apocalypse!" es, desde ya, la frase del verano.

11 de agosto de 2013

Cine: "El vuelo" (Flight)


Ver a Denzel Washington haciendo el histrión es apuesta segura, una práctica que enamora en Hollywood. Por eso no sorprende conocerle como Whip Whitaker, despertando resacoso y rodeado de botellas de alcohol, junto a una mujer que retoza entre sábanas igual de perjudicada que él. Nada grave. Vamos, nada que un buen par de rayas de coca no puedan poner en su sitio y dejarlos como nuevos... Pocas horas después ocurrirá un grave accidente de avión en el que la intervención de Whip jugará un papel decisivo. 

Y hasta aquí puedo contar sin reventar la historia.

El vuelo se mete de cabeza en dilemas morales y acribilla a preguntas al espectador: ¿Puede un hombre ser héroe y villano a la vez? ¿Qué precio debemos pagar por nuestra irresponsabilidad? Por alto que sea, ¿es suficiente? ¿Existen las segundas oportunidades? En caso de existir, ¿las merecemos? Robert Zemeckis, otrora responsable de la saga Regreso al futuro, Forrest Gump, Contact, Náufrago y un puñado de cintas de animación, ha salido de su zona de confort para abordar una historia que, para no "estar basada en", destila verismo y pone los pelos de punta en más de una ocasión. 


Whip tiene la brújula moral estropeada pero, gracias al carisma de Denzel Washington, cuenta con nuestra simpatía y su historia mantiene el interés de principio a fin. También vale la pena destacar la presencia de la ex-adicta Nicole y el camello Harling Mays, dos influencias opuestas en la vida de Whip que tienen los rostros de Kelly Reilly y John Goodman (presentado a golpe de "Sympathy for the devil"; facilón pero efectivo). Con gente tan dispuesta al frente, capaz de cargar con todo, es una lástima que Zemeckis afloje antes de llegar a la meta y evite llevar el dilema hasta las últimas consecuencias en fondo y sobre todo en forma. Pasa de un arranque demoledor (y prometedor) a perderse en un final tirando a descafeinado, un batiburrilo de lugares comunes propio de telefilme de mediodía. 

Tal vez penséis que ya sabéis de qué va la película e incluso cómo acabará sin siquiera haberla visto. Probablemente acertéis porque la trama no juega al despiste ni al giro de tuerca, pues se trata de un drama consistente que solo peca de cierto efectismo en algún pasaje puntual, en la línea de lo que el antiguo Zemeckis nos tenía acostumbrados. En cualquier caso, los contras no le llegan a la suela del zapato a los pros: El vuelo es un esfuerzo común digno de elogio, un estudio de personaje muy logrado (el adicto y su adicción) y, por si fuera un poco, un papel a la altura del mejor Denzel Washington.

¡Saludos!

PD: mil gràcies per la recomanació, Pau!

8 de agosto de 2013

Cine: "Django desencadenado"


Como decíamos ayer, hoy toca hablar de Django Desencadenado, la primera película de Tarantino que luce abiertamente la etiqueta de spaghetti western. Como el propio director afirma, lleva toda la vida dirigiéndolos camuflados bajo otros géneros pero ahora puede mostrar sus cartas sin marcarse un farol. No obstante, Django no se trata de un western al uso. Su promoción estuvo rodeada de polémica por el uso de la palabra "nigger" (negrata) y las declaraciones del también director Spike Lee, quien aseguró que no la vería por ser irrespetuosa con el pasado esclavista de los Estados Unidos.

En efecto, la cinta es dura y no se corta a la hora de mostrar toda clase de abusos e injusticias; también es cierto que lleva el sello Tarantino estampado en cada escena. Entre descargas de pólvora, latigazos, perros rabiosos, luchas mandingas y la violencia de los amos de las plantaciones y sus lugartenientes, la trama se las ingenia para insertar algún tipo de bufonada que atenúa el impacto de la sangre salpicando literalmente la pantalla (esa reunión parodiando al Ku Klux Klan, de diez). La ofensa, de haberla, surge del tema y no de la forma de tratarlo: de igual modo que Malditos Bastardos usaba el nazismo como marco pseudo-histórico, Django es menos un drama racial que una clásica historia de venganza con héroes justos y villanos que merecen ser castigados. 


Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson, Don Johnson y un largo etcétera dotan de vida a una galería de secundarios ejemplar. Curiosamente es Jamie Foxx quien se ha ganado pocos halagos por interpretar a Django. Su personaje es un hombre de acción parco en palabras, pragmático más que elocuente, pasional pero de expresividad contenida. Incluso se le reservan momentos de exquisita ternura, como la secuencia en la que puede elegir la ropa que quiere llevar y... hay que verlo (comicidad al margen, guarda coherencia interna con el personaje). Además, la química que mantiene con el Dr King Schultz (oscar de reparto para Waltz) es uno de los motores de la historia de principio a fin. Aunque salta a la vista que en absoluto es un papel desagradecido, quizá no se adapte bien a la profusa verborrea que Tarantino exhibe en sus diálogos y de la que Waltz, DiCaprio o Jackson hacen gala. También se ha obviado la interpretación de Kerry Washington, cuya Broomhilda transmite el horror de un modo que nos ayuda a comprender la tragedia y empatizar con el héroe y su causa mucho mejor de lo que lo hace él mismo. 
 
Si alguien desentona es el propio Tarantino, que se reserva un papel tan prescindible como la parte del metraje en la que aparece. Cuando la historia se extiende hasta los 165 minutos, un tijeretazo bien dado es de agradecer... A media hora del final, Django (personaje y película) ya ha dicho y hecho todo lo que tenía que decir y hacer. El violento y reiterativo añadido no resta, pero tampoco suma (aunque tener al inefable Walton Goggins imitando los andares del mismísimo Raylan tiene su qué :p). Como resultado tenemos una película magníficamente rodada e interpretada, notable en su irregularidad y recomendable a cualquier espectador gracias a su extraño clasicismo. 

Hace varios meses que la vi y la recuerdo a menudo; para mí es una de esas películas que deja poso y se beneficia de la reflexión posterior. Si bien sigo prefiriendo Malditos Bastardos, pienso que Tarantino ha entrado en una etapa muy interesante de su filmografía. Sea lo que sea lo siguiente, lo espero con ganas.

¡Saludos!

3 de febrero de 2013

Cine: Skyfall, El Hobbit, El lado bueno de las cosas, Los miserables, Las ventajas de ser un marginado, Resident Evil Retribution, Vida de Pi, Argo

Mis queridos nueve lectores, casi medio año ha hecho falta para volver a poner el blog en marcha. En lugar de torturaros con devaneos personales ―no merecéis que os haga eso―, voy a invertir nuestro tiempo en recuperar el pulso con una criba rápida de algunas películas que me hubiera gustado comentar en su día. Sin más que añadir, ¡manos a la obra!

Olvidarse de la enrevesada trama de Quantum of Solace no pudo ser un acierto mayor. Poner a Sam Mendes tras la cámara, tampoco. El director maneja con maestría los puntos fuertes de Bond, un icono con medio siglo sobre los hombros. También sabe dotar de humor a su controvertido deje sexista con donaires de híper macho ―que, por cierto, Daniel Craig borda como nadie lo hacía desde Connery―.

Bardem disfruta y nos hace disfrutar con un rubísimo antagonista de altura; Judi Dench se lleva las mejores frases en lo que casi podría calificarse de “buddy movie” y los personajes nuevos aportan sangre fresca: la continuidad está garantizada. Además de tener el título perfecto, Skyfall es, en mi opinión, una de las mejores películas del agente 007.
  
Todo correcto, sin más. Entretenida. No es lo bastante ligera para honrar a la novela de Tolkien ni tan épica como para aceptar la descarada unión espiritual que Peter Jackson fuerza con El Señor de los Anillos. ¿Qué costaba dedicar tres horas a una película entrañable, sin mayor pretensión que el deseo de aventuras? ¡Y qué decir sobre que al final esta sea la primera de tres partes! ¡Tres! Polémicas al margen, aunque siempre sea un placer transportarse a la Tierra Media guiados por el mago Gandalf, me ha faltado algo (que no es metraje). Ahora, lo de siempre, a esperar.      


Bradley Cooper y Jennifer Lawrence están magníficos pero, lo siento, no pegan ni con cola ―aunque él se conserve en formol, ella sigue pareciendo una cría a su lado―. De Niro está pasadísimo, como viene siendo habitual desde que ni él mismo se toma en serio, y Jacki Weaver dota al filme de alma. De ella depende que esta familia disfuncional no se desintegre día sí y día también, ¡pobre mujer! Lo mejor, para mí, son los brotes de ansiedad del amigo de Pat cuando le da por desfogarse sobre su vida y su matrimonio (ese retrato en la sala de estar a lo American Pie… genial).  

Silver Linings es tan bipolar como sus protagonistas: lo que comienza como un estudio de los lazos afectivos en el seno de una familia golpeada por la enfermedad mental se convierte de forma gradual en una comedia romántica al uso, con baile y todo. ¿Conclusión? No sé por dónde cogerla.


Debo de estar hecho de pasta de boniato porque el drama lacrimógeno de las navidades me dejó frío, frío, frío... El arranque con los esclavos cantando “Look down” mientras el amenazador Javert (Russell Crowe) controla desde la muralla, cual ave de presa, es tan contundente a nivel escenográfico y musical que casi todo lo que le sucede va cuesta abajo. Por otra parte, Hugh Jackman es un Jean Valjean de primera y hay buenos momentos, por supuesto, como el ya mítico “I dreamed a dream” ―señores académicos, dénle ya el Oscar a Anne Hathaway y no se hagan de rogar, por favor―, “Master of the house” (los Thenardier son tronchantes) o "The confrontation", el duelo/dueto entre Valjean y Javert en el lecho de muerte de Fantine. Regresando a lo negativo, el romance entre Cosette y Marius es soso a más no poder (como ellos), algunos secundarios como Éponine y Enjolras están desaprovechados, a ratos se me hizo aburrida y no comparto la insistencia en esos primerísimos planos tan de ópera televisiva. Una vez vista, me doy cuenta de que me bastaba con el tráiler.


Stephen Chbosky debuta en la dirección adaptando su propia novela, The perks of being a wallflower, y sale más que airoso del intento. No deja de ser otro acercamiento a lo dura que es la adolescencia en los institutos americanos, pero el autor construye un grupo de personajes tridimensionales que no suponen un insulto a la inteligencia del espectador. Además, ubicar la historia al inicio de los 90 la aleja de la invasión tecnológica actual y le da una cierta aura de nostalgia, de disfrutar de las pequeñas cosas ―las referencias gafapastosas abundan, of course, que si no estos chicos no serían lo bastante cool―. 

El final tal vez se vaya un poco por las ramas y, aunque nos ayuda a comprender mejor los episodios psicóticos de Charlie, no encaja bien con el resto de la historia. No obstante, es algo insignificante en un trabajo que destaca por el buen trabajo de sus actores (genial Ezra Miller como Patrick y solvente Emma Watson como Sam) y la visión fresca, nada moralizante, que Chbosky tiene del proceso interno que va de la adolescencia a la primera edad adulta. Dadle una oportunidad, no lo lamentareis.


Paul W. S. Anderson ―no le confundáis con Paul Thomas Anderson― tiene la suerte de estar casado con Milla Jovovich. Ella, por la misma razón, tiene que protagonizar estas películas si no quiere mal ambiente en casa a la hora de la cena. Resident Evil: Retribution es el pedazo de mierda más grande que he visto en una pantalla de cine en lo que va de siglo.


A esta película le veo dos problemas principales. El primero es que después de ver el tráiler (parcialmente engañoso) queda poco espacio para la sorpresa visual, uno de sus mayores atractivos. El segundo es que pone altísimo el listón de la expectativa al afirmar, de buen comienzo, que creeremos en dios después de conocer la historia de Pi... Por un momento creí estar viendo una película de Shyamalan (a día de hoy, algo muy malo). Si le perdonamos este farol, sorprende ver cómo se las ingenian para entretenernos con una barca perdida en alta mar ocupada por un muchacho... y un tigre. Con todo, hubiera preferido saber menos de esta odisea marina y más de la infancia de Pi, ese muchacho curioso e inteligente cuyas vivencias se nos muestran como un homenaje a la tradición oral india, tan próxima al realismo mágico. Sin pensar que sea mala, no se la recomendaría a nadie que aprecie.

Por cierto, sigo sin creer en dios :p   

¡Y con la tercera hizo la carambola! Ben Affleck es un maestro. Me tragaría con gusto una película sobre la migración del calamar californiano si la dirigiese él. Con todo, debo decir que las licencias dramáticas que se toma esta historia basada en hechos reales son completamente innecesarias (Tony Méndez separado y prácticamente alcohólico, las persecuciones, etc.) y dejan un molesto regusto traicionero. En cualquier caso, es una lacra que palidece a la sombra de la recreación de los años 70 o de la tensión y crispación conseguida gracias a las interpretaciones de su abundante plantel actoral. Pese a ser la que menos me gusta de sus tres películas, objetivamente es un incuestionable ejercicio de buen cine: emocionante, sugestiva y rodada de forma ejemplar. 

Se comenta que Affleck tiene entre manos la adaptación de Apocalipsis (The Stand), la macro novela fantástico-apocalíptica de Stephen King… El que pretenda anticipar los pasos de este hombre lo tiene crudo. 


Y hasta aquí llega el repaso cinéfilo de esta entrada. En la siguiente, Django Unchained.

Es un placer estar de nuevo con vosotros.

¡Saludos!

13 de agosto de 2012

Cine: "The Dark Knight Rises"

"Nolan entrega otro largometraje brillante, rico en matices y lecturas, y concluye su épica saga regalando a los fans del cruzado enmascarado la que sin duda es la trilogía superheroica más sólida hasta la fecha".
'Nolan y Bale se alian de nuevo para abrumarnos con pedantería y pretenciosidad. Hablan de justicia, política e ideales (hasta pretenden abordar el romance) pero el discurso, aunque camuflado tras un elegante (bat) traje, está completamente hueco".

¿Cuál elegís? Yo me quedo con las dos porque en The Dark Knight Rises hay un poco de cada. Me gustan las películas de Batman pero me toca las narices el circo gafapastero de análisis social que se monta en torno a ellas. Algo positivo que veo en otras adaptaciones comiqueras como Spiderman o Los Vengadores es el no tomarse en serio como forma de ahorrar sufrimiento en el trasvase de medio. Los superhéroes lucen en viñeta, en animación o en videojuego (echad un vistazo a cualquiera de los Arkham) y cada vez que los sacan del hábitat primigenio divagan el rato necesario para justificar el ser como son: por qué visten como lo hacen (el chiste de la lycra es un clásico) o por qué la mayoría se comporta como un hatajo de psicópatas (Batman, el primero). Una vez aceptamos su mundo y sus normas, tienen nuestro permiso para pasar a la aventura.

El Batman de Tim Burton y Michael Keaton era un freak que se colgaba de los pies boca abajo para echar una siestecilla, un multimillonario que de noche salía a repartir leña con el fin de hacer justicia en la podrida ciudad de Gotham y combatir el dolor de haber presenciado el asesinato a sangre fría de sus padres cuando tan solo era un niño. Cuando ese tipo entonaba el "I'm Batman" con carraspera no nos entraba la risa floja porque formaba parte del pacto de lectura junto al bat-móvil, la bat-señal y los villanos histriónicos. Con Batman Begins, Christopher Nolan y Christian Bale nos vendieron a un ninja urbano experto en varias disciplinas marciales cuyo emporio financiero le daba ventaja táctica (es decir, tenía carísimos juguetitos anti-crimen, aunque esta vez ya no se llamaran bat-algo); eso es lo más cerca de la plausibilidad que Batman puede estar del mundo real. Por si surgían dudas sobre sus pretensiones, la carraspera seguía ahí y el aire místico de Ra's al Ghul dejaba claro que, más allá de símbolos e iconos, la reflexión filosófica era buscarle tres pies al gato.

"There's a storm coming, Mr. Wayne. You and your friends better batten down the hatches, because when it hits, you're all gonna wonder how you ever thought you could live so large and leave so little for the rest of us"
Con el binomio formado por The Dark Knight y The Dark Knight Rises la cosa cambió. Pretenden vender el universo de Batman como un lugar reconocible (cualquier megalópolis occidental) donde las situaciones y reacciones en él ocurridas se muevan por parámetros de absoluta veracidad. Lo siento, pero no. ¿Era necesario que todos los seguidores de Bane fuesen unos andrajosos, un eco chungo y nada procesado del perroflautismo más básico? La sutileza brilla por su ausencia. Por poner otro ejemplo, los juicios populares "moderados" por el Espantapájaros quizá funcionen como idea, pero a la práctica me pareció estar viendo una mala parodia de la Reina Roja: "¡Que le corten la cabeza!".

No son solo las coincidencias (la relación entre John Blake y Bruce Wayne se teje en base a un McGuffin tan ridículo como "supe que eras tú por tu mirada") o lo endeble de algunos conceptos (la prisión de Bane da para una entrada entera), sino que la brocha gorda forma parte inseparable de la naturaleza de los personajes: la radical escisión social mencionada antes; la motivación de chiste de los villanos (así como sus rocambolescos planes, que incluyen persecuciones al límite y la voladura masiva de objetos); el papel de MatthewModine, representante de un cuerpo de policía atontado o implicado en función de las necesidades del guión; los romances WTF (¿a alguien le importa un comino alguno de ellos?); y... Batman, con quien no se aclaran. Su discurso vira de lo extremo a lo conservador según sople el viento.

Tal vez sea demasiado exigente, pero este caballero oscuro, amparado en la bendición mayoritaria de la crítica, tiene un concepto tan alto de sí mismo que uno no puede sino medirlo por el rasero de su propia ambición: el ejemplo a seguir, la reflexión como detonador de la acción, ¡la inmortalidad cinematográfica! Nuevamente, no. Ni la idea se sostiene en términos de realismo social ni la profundidad psicológica ensalza cada escena. Ya siendo puntilloso, que un tipo se vista de murciélago con capa y orejitas tiene guasa... Si las pretensiones de Nolan pasaban por una redefinición verité del personaje, que le echara un par y rediseñara su indumentaria dejándola en la mínima expresión (la armadura de Wayne Enterprises y el Tumbler eran un buen punto de partida). Evidentemente, seguir ese camino hubiera garantizado la ira de los fans, pero esa es otra historia y, en realidad, es lo de menos.

Pese a todo, nos encontramos con una película que se pasa volando, un mérito considerando que excede las dos horas y media. A base de concesiones, funciona (sí, mis queridos ocho lectores, pese a toda la rajada pienso que funciona). Si pasamos por alto la ambición de los guionistas en su intento por tocar demasiadas teclas o perdonamos los agujeros de guión, estamos ante una buena película... de Batman. Retomo la idea original: me gustan las películas de Batman son como las de James Bond pero con latex en lugar de seda italiana. Su primera aparición motorizada en el túnel es épica y las pocas escenas en las que aparece el murciélago tienen la intensidad propia de un superhéroe. Además, hay nuevos secundarios de peso como la ladrona de guante blanco Selina Kyle (Anne Hathaway) o el policía John Blake (Joseph Gordon-Levitt), que amenizan la historia con más gracia que el propio Wayne/Batman; de hecho, a ratos parece que veamos una película sobre el impacto de Batman en Gotham con puntos de vista externos ya que, incluso como Bruce Wayne, Christian Bale tiende a desaparecer dejando que los demás construyan el relato.

Nolan ha conseguido que el personaje alcance la figura de mito, pero en esta última entrega ha perdido un poco el norte y ha mezclado churras con merinas: la denuncia social seria le viene grande al bueno de Bats, con Nolan al frente o sin él. Sin embargo, como en las olimpiadas, conviene valorar tanto la dificultad del ejercicio como su ejecución. Por tal razón, hay que reconocer al director el haber aspirado siempre a lo más alto, al más difícil todavía, y con ello ser capaz de ampliar las miras del cine de entretenimiento. The Dark Knight Rises conecta mejor con las características de un gigantesco epílogo (el cierre de la trilogía) que con las de una película autónoma, pero en cualquiera de los acercamientos es disfrutable como espectáculo de altos vuelos. No cabe duda de que la trilogía del murciélago define una época y ha puesto el listón a una altura que pocos podrán igualar.

¡Saludos!

Reflexiones de bar:

1) Espero que los ingenieros de la División de Ciencias Aplicadas de Wayne Enterprises tengan alguna clásula draconiana en su acuerdo de confidencialidad...

2) Nolan quería rodar su propia secuencia a lo Braveheart y no sabía cómo justificarlo: aunque todos vayan armados, solo disparan cuatro gatos. Una cosa es tenerse ganas y otra, ser idiota: todo bonico, sí, pero no tiene sentido.

3) Y vale que esto no sea Rookie Blue, pero la policía de Gotham debería aprender el concepto de discriminación positiva.

4) Bane me genera sentimientos encontrados. Tom Hardy le aporta la fisicidad y mal rollo; tiene presencia. Sin embargo, no lo explotan lo suficiente (esas motivaciones, otra vez...) y lo que deciden hacer con él no tiene nombre.

5) Anne Hathaway ha cerrado unas cuantas bocas con su interpretación de Catwoman (la mía, para empezar) y Joseph Gordon-Levitt demuestra una vez más que es un actor solvente y todoterreno. Larga vida a los middle-names y a repartir spin-offs ;)