Contar
las historias de toda la vida como se ha hecho toda la vida es ahora un
acercamiento demodé: hay que alterar elementos, transgredir de algún modo, que
todo cambie para que todo siga igual. El éxito de las Fábulas de Bill Willingham
en el campo de la novela gráfica o Once Upon a Time en televisión ponen de
relieve que esta práctica gusta entre el público. En cine también han querido
sacar tajada, claro; por ejemplo, ¿y si la malvada madrastra estuviese más buena
que el pan con chocolate y Blancanieves no lograra hacerle sombra ni mirándonosla
con buenos ojos?
Vale,
el giro de tuerca de Blancanieves y la leyenda del cazador no es
ese, pero sí es uno de los divertidos daños colaterales de tener a Charlize Theron como reina Ravenna y a Kristen Stewart como Blancanieves. El público
femenino tampoco se queda sin su cupo de carne, bien cubierto por la hercúlea
presencia de Chris Hemsworth en el papel del cazador y de Sam Claflin en el
inncesario papel del arquero William. Aunque de entrada parezca un bodrio en
la liga de Eragon, la historia no solo supera las expectativas sino que se las ingenia
para sorprender con una factura técnica competente, un aire enfermizo que en
algunos momentos logra dar bastante mal rollo y un tono general adulto y
reflexivo. Esto debemos agradecérselo en gran medida a Chalize Theron: su interpretación
sube de nivel el producto y sitúa a su memorable villana como potente eje del
relato.
El
sufrimiento humaniza a Ravenna. Aunque probablemente no empaticemos con sus
métodos, al menos comprendemos su motivación y, por ende, el origen del mal que la
consume a ella y al reino. A la postre, su personaje se sobrepone al
arquetipo unidimensional para convertirse en un ser de carne y hueso que nos interesa. Tal
hazaña nos hace pasar por alto el comportamiento de acelga de Blancanieves (justificado
por la trama, pues un encierro de una década atonta un poco). Con la
joven princesa juegan a eso de los miopes y la mirada profunda, pero haciendo
que la chica se maraville y abra la boca con cada cosa bonita que ve (normal: volvemos
al secuestro), de igual modo que aquel quien la conoce intuye que es especial. Cualquiera excepto
el cazador, claro, que de héroe a priori tiene poco. De hecho, es un borrachuzo de tres
al cuarto que está de vuelta de todo y no tiene demasiado interés ni en
cargarse a Blanca ni en pasar por el aro de la reina. De nuevo (¡bravo!), hay
una buena razón para ello.
No
es que la película verse sobre filosofía y drama existencial o sea un ejemplo de
desarrollo de personajes, pero se agradece el esfuerzo por desconectar el piloto
automático e intentar aportar algo (los resultados serán desiguales, mas la voluntad está ahí). Por otra parte, a medida que avanza el metraje
Blancanieves adopta una actitud proactiva en su papel de presa y decide plantar
cara. Hablan de alegato feminista; yo no diría tanto, pero es significativo que,
por una vez, la hembra no dependa del macho para salvar su hermoso pescuezo ni el interés amoroso sea más apremiante que la propia misión ―en realidad, "los asuntos del querer" pasan
tan torpemente de refilón que uno se plantea si merecía la pena explorar ese
terreno.
Como
último apunte, tengo la impresión de que el desenlace de Blancanieves y
la leyenda del cazador ha pasado por varios guionistas (o productores) antes
de llegar a la sala de edición, dejando un regusto algo ambiguo en el mensaje a
transmitir. ¿Hasta dónde querían empujar las barreras? La progresión de la
película es pausada pero vibrante, muy recomendable para aquellos amantes de la
fantasía que gusten de un universo imaginativo y bien planteado. El final
(a medio gas, anticlimático) deja varias incógnitas en el aire... lo cual es,
pese a todo, un extraño punto a favor de la película. Resulta sencillo imaginar
un director's cut demoledor.
Reflexiones
de bar
1) Me
quedé con ganas de cazador y me sobraron todas y cada una de las escenas del tal William (pienso que podría ser directamente eliminado de la trama sin
consecuencias significativas).
2) El
director fusila sin complejos una escena de Mononoke Hime. Luego nos quejamos
de Tarantino :p
3) En
efecto, no he dicho nada de los siete enanitos. Ni son siete ni me referiría a
ellos en estricto diminutivo. ¿Mi consejo? Descúbrelos por ti mismo (aunque adelanto que pasé toda
la película esperando a que uno de ellos espetara algo como “Welcome to fuckin’
Fairyland, you fuckin’ cocksucker!”. El momento no llegó U_U) .
4) Ravenna...
¿Cuervonna? El rey debería haberlo visto venir XD
5) ¿Soy el único que captó la DETERMINANTE escena lésbica? XDDD
6) Debo
insistir: Charlize Theron, brutal. La película es suya.
¡Saludos!






















