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19 de agosto de 2013

Cine: "El atlas de las nubes" (Cloud Atlas)


Pacífico sur, 1849. Un esclavo polizón se salva del linchamiento en las colonias inglesas gracias a la implicación del abogado Adam Ewing. Inglaterra, 1936. El joven y brillante músico Robert Frobisher ha compuesto una pieza maestra, pero ¿quién escuchará la obra de un desconocido? San Francisco, 1973. La periodista Luisa Rey investiga el asesinato del reputado científico Rufus Sixmith, cuya muerte beneficia a los intereses de las grandes corporaciones. Inglaterra, 2012. Una deuda y una afrenta ponen al editor Timothy Cavendish en una situación muy comprometida. Nuevo Seul, 2144. La androide Sonmi-451 piensa que en su vida debe de haber algo más que servir a los humanos: sin ella saberlo, ha puesto en marcha una revolución. Hawai, 2321. Con tal de salvar a su sobrina enferma, Zachry abandonará su poblado para guiar a Meronym, perteneciente a una civilización avanzada, y llevarla hasta la estación de comunicaciones Cloud Atlas. Entretanto, una tribu rival les dará caza...

Seis historias, seis épocas.

Todo está conectado.


La novela homónima de David Mitchell ha sido conjuntamente adaptada por Tom Tykwer (El perfume) y Andy y Lana Wachowski (trilogía Matrix). Los realizadores, que también intervinieron en labores de guión, optaron por deconstruir la estructura original de la novela (consistente en grandes bloques cortados de forma abrupta) e ir entrelazando pequeños fragmentos de los seis relatos a lo largo del metraje. Al principio descoloca, en parte por un uso particular del lenguaje que nos hace pensar que no nos enteramos de nada... Nada más lejos de la realidad; solo es cuestión de paciencia que las piezas del puzzle vayan encajando. En cuanto a la estructura temática, por internet circulan decenas de teorías, pero voy a destacar solo dos: la sociológica, en la que cada relato pretende lidiar con una injusticia cometida contra las minorías (esclavitud, racismo, opresión, el maltrato a la tercera edad, etc.), y la kármica, donde se defiende la reencarnación de las almas y el efecto mariposa de las acciones. 

Uno de los argumentos que convenció al escritor para dar luz verde al proyecto fue que cada una de las seis partes estuviese interpretada por el mismo grupo de actores: Halle Berry, Tom Hanks, Doona Bae, Jim Sturgess, Ben Whishaw, Jim Broadbent, Hugo Weawing, James D'Arcy, Keith David, Hugh Grant, Susan Sarandon... Esta curiosidad refuerza en cierto modo la teoría kármica y añade capas a la cinta, nuevas interpretaciones. Además, uno se puede divertir intentando reconocer a los actores y actrices bajo el maquillaje, ya sea una simple prótesis o una alteración completa de raza y sexo. Hay un par de vergüenza ajena (Hugo Doubtfire), pero en general están conseguidos. Os reto a cazar todas las de Halle Berry y Ben Whishaw ;)

Pese a sus múltiples virtudes, El atlas de las nubes fue ignorada por crítica y premios. En los Oscar ni siquiera fue nominada en la categoría de guión adaptado, efectos especiales (la mano maestra de los Wachowski hace brillar Neo Seul en la historia de Sonmi) o montaje, sin el cual esto se hundiría bajo su propio peso (Alexander Berner, mi Oscar va para ti). También tiene defectos graves, como ser una cinta irregular en la que la calidad individual de las historias y cómo se conectan con las demás varía bastante. Lo gracioso es que cada cual tiene sus favoritas. Las mías son la del músico Robert Frobisher (la de mayor sensibilidad, dirigida por Tykwer y aupada por el gran Ben Whishaw) y las de Sonmi y Zachry, que conforman dos momentos de una misma historia. Al otro lado de la balanza pondría la de Timothy Cavendish, el editor, que me parece un pegote en cuanto a ritmo y tono, marcadamente humorístico. 


El atlas de las nubes es una propuesta arriesgada, con ideas y conceptos muy buenos y otros que no lo son tanto o parecen más arbitrarios (esas marcas de nacimiento, cogidas por los pelos cuando menos). En consonancia, es imposible que satisfaga a todo el mundo: entras en ella o no lo haces, se te hace soporífera o la encuentras fascinante. Hay espectadores que abandonan la proyección antes de la primera hora y otros la ven tres veces en una semana... El término medio del benevolente entretenimiento no se le ajusta bien. Pienso que es uno de esos casos en los que el conjunto es claramente superior a la suma de sus partes y ofrece argumentos de peso para darle una oportunidad. Eso sí... a vuestra cuenta y riesgo :p

¡Saludos!